
Ni la oscuridad de la madrugada ni las lluvias que marcaron la noche previa detuvieron a miles de fieles que este 21 de enero llegaron hasta Higüey para venerar a María bajo la advocación de Nuestra Señora de la Altagracia.
La fe se vive en familia. Los Lara, procedentes de Baní, relatan que arribaron a la Basílica desde la mañana del martes 19. Niños, jóvenes y adultos acompañaron a una tía vestida de blanco, con una “muñequita de plata” en las manos, para pedir por su salud.
Desde Elías Piña llegó María, una adolescente de unos 13 años, junto a su tía y sus primas. Viajaron desde el martes 20, un día antes de la solemnidad. Prefirió mantener en secreto el favor solicitado, pero aseguró que es una tradición “bonita” que disfruta cumplir cada año.
Blanca Meléndez vino desde la comunidad de Los Bancos, en San Juan, acompañada de su nieta de apenas cinco años. Con gratitud, cuenta que llegó desde el día 19 y que cada año regresa a visitar a la Virgen.
Historias como estas se repiten en cada rincón de la Basílica, donde generaciones enteras se encuentran en un mismo propósito: agradecer, pedir y renovar la fe.
La devoción a la Virgen de la Altagracia continúa así su camino de herencia viva, transmitida de abuelos a padres, y de padres a hijos, como una de las expresiones más profundas de identidad espiritual del pueblo dominicano.