
Al grito de “Venezuela libre”, con bocinas improvisadas y banderas tricolores en alto, grupos de venezolanos comenzaron a concentrarse de manera espontánea este sábado frente al Consulado de Venezuela en Madrid, ubicado en la calle Eloy Gonzalo, en las inmediaciones del Metro Iglesia. Las expresiones de júbilo y emoción también se replicaron en la Puerta del Sol, donde se escucharon cánticos, se vieron abrazos y se compartieron lágrimas entre compatriotas.
Las concentraciones se producen en un contexto de alta tensión política tras los acontecimientos registrados en Venezuela y el anuncio de la captura del presidente Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, hechos que han generado una fuerte reacción entre la comunidad venezolana en el exterior.
Madrid alberga una de las mayores comunidades venezolanas de Europa, con más de 200,000 ciudadanos residiendo en la capital española. Una parte significativa de ellos llegó en condición de exiliados políticos, solicitantes de asilo o migrantes forzados por la crisis económica, social y de derechos humanos que se profundizó durante los años del chavismo.
La migración venezolana hacia España comenzó de forma sostenida a inicios del gobierno de Hugo Chávez, pero se incrementó de manera exponencial en la última década, especialmente tras el colapso económico, la escasez de alimentos y medicinas, y la persecución política denunciada por organizaciones internacionales.
Para muchos de los presentes en las concentraciones, los cánticos y celebraciones representan no solo una reacción a la coyuntura política actual, sino también una catarsis colectiva tras años de distancia forzada del país y de incertidumbre sobre el futuro de sus familias en Venezuela.
Las autoridades españolas no han informado de incidentes, y las concentraciones se han desarrollado de forma pacífica, mientras continúan replicándose manifestaciones similares en otras ciudades europeas con fuerte presencia de venezolanos, como Barcelona, Valencia y Lisboa, según reportes en redes sociales.
La diáspora venezolana, una de las más numerosas del mundo en la actualidad, sigue de cerca los acontecimientos en su país de origen, con la expectativa de que el actual escenario marque un punto de inflexión en una crisis que ha provocado la salida de más de siete millones de personas en la última década.