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Pantallas y cerebro: el vínculo oculto detrás de la ira y la pérdida de control

Blanco destaca que la ira es una emoción natural y adaptativa, y el problema reside en su regulación. La sobrecarga sensorial altera el equilibrio cerebral, produciendo respuestas impulsivas y baja tolerancia.

Wilka Matos
Wilka Matos
19 abril, 2026 - 4:03 PM
3 minutos de lectura
El cerebro humano no fue diseñado para la sobreestimulación constante
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El neuropsicólogo Oom Blanco advierte que el aumento de la irritabilidad en niños y adultos no puede explicarse únicamente como falta de carácter, sino como el resultado de un cerebro sometido a sobreestimulación constante, especialmente por el uso de pantallas.

“El cerebro humano no fue diseñado para la sobreestimulación constante”, asegura el especialista, señalando que esta exposición continua impacta directamente la forma en que las personas procesan sus emociones y reaccionan ante situaciones cotidianas.

La ira no es el problema, sino su regulación

Blanco explica que la ira es una emoción básica y necesaria. “No es un defecto, no es una falla moral, no es un error del sistema. Aparece cuando algo bloquea lo que queremos, cuando percibimos una injusticia o cuando sentimos que se ha violado una expectativa importante.

  • Es, en esencia, una respuesta adaptativa. El problema no es sentirla, sino no poder regularla”.

En ese sentido, el especialista subraya que controlar una emoción no depende únicamente de la voluntad, sino del equilibrio del sistema cerebral. Cuando este funciona correctamente, el enojo puede procesarse y expresarse de forma adecuada; de lo contrario, la reacción se impone antes que el pensamiento.

El cerebro bajo presión: cómo reaccionamos

El experto detalla que estructuras como la amígdala activan rápidamente la respuesta emocional, mientras que el lóbulo frontal se encarga de frenar y organizar esa reacción.

  • Sin embargo, cuando existe una sobrecarga —como la generada por el uso excesivo de pantallas— este equilibrio puede alterarse. El resultado: respuestas impulsivas, baja tolerancia a la frustración y dificultad para manejar conflictos.

De acuerdo con Blanco, el reto no está en eliminar la ira, sino en comprender cómo funciona el cerebro para poder regularla de manera consciente y saludable.

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