El acoso escolar, también conocido como bullying, sigue siendo una de las formas de violencia más comunes que enfrentan los niños, niñas y adolescentes en América Latina y el Caribe. En el caso de República Dominicana, cerca del 30% de los adolescentes de entre 13 y 17 años han sido víctimas de bullying al menos una vez, según datos recientes proporcionados por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El informe, basado en la Encuesta Mundial de Salud Escolar, resalta que los principales factores que detonan el acoso escolar incluyen la apariencia física, la discapacidad y la identidad sexual de las víctimas. Estos elementos, entre otros, son utilizados como excusa para intimidar a los estudiantes, afectando gravemente su bienestar emocional.

El bullying no solo afecta la vida social y escolar de los jóvenes, sino que también tiene consecuencias a largo plazo en su salud mental. Según la OMS, las víctimas de bullying tienen un mayor riesgo de sufrir depresión, ansiedad, pensamientos suicidas, aislamiento social y un bajo rendimiento académico. Estos problemas emocionales se intensifican cuando el bullying se convierte en un patrón repetido de comportamiento agresivo.
El informe también señala que aquellos que practican el acoso escolar también enfrentan riesgos, pues a menudo muestran comportamientos antisociales y un mayor consumo de sustancias. Este ciclo de violencia afecta tanto a los agresores como a las víctimas, creando un entorno peligroso y poco saludable en las instituciones educativas.
A nivel regional, República Dominicana se encuentra en el tercer lugar en cuanto a las tasas de bullying, con un 30% de adolescentes afectados. En comparación, países como Perú y Brasil presentan tasas más altas, rondando el 50%. En contraste, Chile y Barbados tienen los índices más bajos, con solo un 15% de la población estudiantil sufriendo acoso escolar.
El informe hace un llamado urgente a la acción para reducir el acoso escolar en las escuelas de América Latina y el Caribe. Las organizaciones internacionales enfatizan la necesidad de implementar políticas públicas más efectivas y de involucrar a las comunidades educativas en la creación de ambientes más seguros y respetuosos para los estudiantes. Solo así se podrá garantizar una educación de calidad que proteja el bienestar de todos los jóvenes.