
Un cambio breve en la alimentación, de apenas dos días, podría generar mejoras relevantes en la salud cardiovascular. Un estudio de la Universidad de Bonn reveló que una intervención intensiva basada en avena logró reducir de forma acelerada el colesterol LDL y estimular bacterias intestinales beneficiosas en adultos con síndrome metabólico. Los resultados fueron publicados en la revista Nature Communications.
El síndrome metabólico agrupa factores como sobrepeso, hipertensión, niveles elevados de glucosa y alteraciones en los lípidos sanguíneos, condiciones que incrementan el riesgo de diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares. Frente a este escenario, los investigadores evaluaron si una estrategia dietética sencilla y de corta duración podía ofrecer beneficios clínicamente relevantes.

La avena ha sido utilizada históricamente en el tratamiento de trastornos metabólicos. A comienzos del siglo XX, médicos como Carl von Noorden la empleaban para el control de la diabetes, aunque su uso perdió protagonismo con la llegada de los tratamientos farmacológicos. Hoy, el interés por intervenciones alimentarias accesibles vuelve a cobrar fuerza.
El ensayo clínico incluyó a 68 adultos diagnosticados con síndrome metabólico. Durante la fase inicial, 32 participantes siguieron una dieta intensiva que consistía en cerca de 300 gramos diarios de avena cocida en agua, repartidos en tres comidas y equivalentes a aproximadamente la mitad de su ingesta calórica habitual.
Se permitieron solo pequeñas cantidades de frutas o verduras. El grupo control realizó una dieta hipocalórica similar, pero sin avena.
Aunque ambos grupos mostraron mejoras, los efectos fueron más pronunciados en quienes consumieron avena. Entre los principales cambios registrados se destacan:
Si bien estos resultados no reemplazan a los tratamientos farmacológicos, los especialistas subrayan que se trata de una intervención económica, breve y de fácil aplicación.

El estudio también analizó los mecanismos biológicos detrás de los cambios observados. El consumo intensivo de avena favoreció el crecimiento de bacterias intestinales capaces de metabolizar sus nutrientes y producir compuestos fenólicos, como el ácido ferúlico, asociado a la reducción del colesterol.
La investigadora principal, Linda Klümpen, explicó que estas bacterias también degradan la histidina, un aminoácido que en niveles elevados se vincula con resistencia a la insulina y mayor riesgo de diabetes. De este modo, la intervención no solo actúa sobre el colesterol LDL, sino también sobre procesos clave del metabolismo.

Un seguimiento posterior de seis semanas mostró que los beneficios iniciales se mantenían en el tiempo. Sin embargo, una pauta menos intensa, con 80 gramos diarios de avena durante ese período, produjo mejoras más modestas, lo que sugiere que la dosis y la duración del consumo son factores determinantes.
Entre las limitaciones del trabajo, los autores mencionan el tamaño reducido de la muestra y el corto plazo de la intervención. Aun así, proponen que futuros estudios evalúen si repetir ciclos breves de dieta intensiva con avena cada seis semanas podría ofrecer una protección metabólica sostenida.
Los investigadores concluyen que la incorporación periódica de este tipo de estrategias alimentarias podría convertirse en una herramienta práctica y bien tolerada para reducir el colesterol LDL y disminuir el riesgo de diabetes, con potencial impacto en la salud pública.
Fuente: Infobae