Un Nerón feroz y anaranjado

Lo ocurrido en Caracas el pasado sábado, no es solamente el secuestro de un presidente -ilegítimo, autoritario e iliberal- de un país soberano, sino el fin de la competencia democrática electoral en América, (Trump decide quién gana o pierde, e incluso quién tiene derecho a vivir) y de un Derecho Internacional cuyos libros estarán ahora ubicados en el área de “literatura fantástica” de la librería Cuesta.

Hablo de un orden internacional del que surgió la ONUcon el objetivo de promover la paz, la seguridad y la cooperación internacional”, y una carta fundacional que el sábado Mr. Trump lanzó a la papelera.

Pero hay más: Colombia, México, Groenlandia (es decir, Dinamarca y la Unión Europea), y Canadá, ya fueron advertidos, insultados, calumniados en vivo y en directo. Trump es un Nerón feroz y anaranjado.

Quién podría pensar que llegaría el día en que uno echara en falta al “soft power” de la USAID, con el que los místeres, resguardados inteligentemente por “su” sociedad civil y sus preclaros “amigos de última instancia”, (más la CIA en los malos juegos) creaban todo un estado de opinión favorable a su candidato y nefasto para sus adversarios.

Es cierto que la ONU venía mostrándose faltosa y fallida hace tiempo, pero por lo menos obligaba a las potencias a inventar relatos, a montar coaliciones que le justificaran en el Consejo de Seguridad.

Con el bombardeo de Caracas y el secuestro de su presidente, -ilegítimo, autoritario e iliberal-, ya dije, Estados Unidos, no sólo ha legitimado las acciones de Rusia contra un país fronterizo como Ucrania, (que por lo menos es parte fundamental de su historia), o la nada improbable ocupación de Taiwán de parte de China, (lo mismo), sino que, como escribió Mariam Martínez-Bascuñán en El País, “cree estar mostrando fuerza cuando en realidad está destruyendo el único recurso que aún tenía: la legitimidad”.

Durante décadas, la hegemonía estadounidense se apoyó en su poderoso ejército, pero también en ese soft power que Trump desmontó y en el que no cree. “EE. UU. siempre violó el derecho internacional cuando le convenía, pero mantenía la ficción de respetarlo”.

Por Tucídides sabe el mundo que mostrar la fuerza como único argumento válido, sin interés de legitimidad alguna, no es signo de poder sino de decadencia. Cuando el terror sustituye las normas, la barbarie acecha.