Mucho antes de convertirse en presidente de Estados Unidos, Donald Trump era una figura habitual en los asientos de primera fila de los partidos de los Knicks de Nueva York. En aquella época era conocido principalmente por su fama empresarial y su presencia en la vida social neoyorquina, lejos de la intensa polarización política que hoy genera en su ciudad natal.
Este lunes, Trump regresará al Madison Square Garden para presenciar el tercer partido de las Finales de la NBA entre los Knicks y los Spurs de San Antonio. Invitado por el propietario del equipo, James Dolan, se convertirá en el primer presidente en ejercicio en asistir a un encuentro de las Finales de la liga.
La visita coincide con un momento histórico para los Knicks, que buscan conquistar su primer campeonato desde 1973. En aquel entonces, Trump apenas comenzaba a abrirse paso en el negocio inmobiliario familiar que posteriormente lo llevó a la fama y la fortuna.
A lo largo de los años, el mandatario ha demostrado una marcada afición por los grandes eventos deportivos, asistiendo al Super Bowl, las 500 Millas de Daytona, la Copa Ryder y el Abierto de Estados Unidos de tenis. Incluso ha expresado interés en acudir a partidos del Mundial de Fútbol que se celebra este año en Norteamérica.
Aunque Trump asegura ser seguidor de los Knicks desde hace décadas, su regreso a Nueva York ocurre en un contexto muy distinto. Mientras el equipo atraviesa uno de sus mejores momentos recientes y mantiene una ventaja de 2-0 en la serie final, gran parte del electorado de la ciudad mantiene una visión desfavorable del presidente.
Su asistencia también ha generado preocupación entre algunos aficionados debido al fuerte dispositivo de seguridad que acompaña cada una de sus apariciones públicas. Los organizadores han recomendado a los asistentes llegar con varias horas de anticipación para completar los controles de acceso.
Pese a las críticas, figuras como el comisionado de la NBA, Adam Silver, han respaldado la autenticidad de su afición por los Knicks, recordando que Trump frecuentaba los partidos del equipo mucho antes de iniciar su carrera política.
La relación entre Trump y la franquicia se remonta a varias décadas. Ya en los años 70 participó como asesor inmobiliario de los entonces propietarios del Madison Square Garden, mientras que durante la década de los 90 se convirtió en un rostro frecuente en las primeras filas durante los encuentros más importantes del equipo neoyorquino.