
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió que su país podría intervenir ante el agravamiento de la crisis económica y social que atraviesa Irán, en un contexto marcado por el aumento del descontento popular y la reactivación de protestas en distintas regiones del país persa.
Las declaraciones del mandatario se producen mientras Irán enfrenta una severa presión interna derivada de la inflación, la devaluación de su moneda, el desempleo y las dificultades para acceder a bienes básicos, factores que han intensificado el malestar ciudadano.
En los últimos días se han registrado manifestaciones en varias ciudades, algunas de ellas reprimidas por las fuerzas de seguridad, según reportes de medios internacionales y organizaciones de derechos humanos.
Trump sostuvo que Washington observa de cerca la situación y no descartó tomar acciones si el escenario continúa deteriorándose, aunque no ofreció detalles sobre el tipo de intervención a la que se refirió. Sus palabras elevan la tensión entre ambos países, cuyas relaciones diplomáticas se mantienen prácticamente rotas desde hace años y han estado marcadas por sanciones económicas, acusaciones mutuas y episodios de confrontación indirecta en la región.
Analistas señalan que las advertencias del presidente estadounidense se enmarcan en una estrategia de presión máxima contra Teherán, mientras el Gobierno iraní acusa a Estados Unidos de ser responsable, en gran parte, de la crisis económica debido a las sanciones internacionales.
«Si Irán dispara y mata violentamente a manifestantes pacíficos —lo cual es su costumbre—, Estados Unidos de América vendrá a su rescate», escribió Trump en Truth Social, añadiendo: «We are locked and loaded and ready to go».
Estas manifestaciones son las más intensas desde el levantamiento de 2022, tras la muerte de Mahsa Amini. Aunque las actuales protestas no han alcanzado la misma magnitud, los cánticos contra el régimen teocrático revelan un descontento profundo.
La moneda iraní ha sufrido una fuerte devaluación —1,4 millones de riales por un dólar estadounidense—, lo que ha avivado el malestar social. El presidente reformista Masoud Pezeshkian ha mostrado disposición al diálogo, pero su gobierno enfrenta serias limitaciones económicas y políticas.
En medio de la tensión interna, Irán intenta mostrar apertura. Tras los bombardeos estadounidenses a instalaciones nucleares en junio, el régimen anunció que detiene el enriquecimiento de uranio, buscando reanudar negociaciones para aliviar sanciones.
Tanto Trump como el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu han dejado claro que no permitirán que Irán restablezca sus capacidades nucleares. Las conversaciones siguen congeladas.
El estado iraní ha detenido a varios supuestos agitadores, acusados de vínculos con grupos monárquicos y organizaciones con sede en Europa. También se ha informado de la incautación de armas de contrabando, aunque sin detalles claros.