
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, pidió a la FIFA reflexionar sobre los altos precios de las entradas para el Mundial 2026, al considerar que muchos boletos están fuera del alcance económico de gran parte de la población mexicana.
Durante su encuentro con periodistas, la mandataria señaló que el fútbol no debe verse únicamente como un negocio, sino también como un espacio de encuentro social, convivencia y unión entre personas de distintas comunidades.
“El fútbol tiene que ser otra cosa”, expresó Sheinbaum, al referirse a los costos de los boletos y al impacto que estos precios pueden tener en el acceso de los aficionados a uno de los eventos deportivos más importantes del mundo.
La reacción de la presidenta mexicana se produce en medio de críticas por el elevado costo de las entradas para los partidos del Mundial 2026, que se disputará en México, Estados Unidos y Canadá, con una alta demanda en los tres países anfitriones.

A principios de este año, las entradas para partidos del Mundial 2026 salieron a la venta con precios que iban desde 140 hasta 8,680 dólares, dependiendo del partido, la sede y la categoría del boleto.
Aunque algunos precios han bajado, otros se han disparado de manera considerable, especialmente para los partidos de mayor demanda, como la final, donde los boletos alcanzan cifras cercanas a los 32,970 dólares.
La situación se vuelve más compleja en el mercado de reventa, donde los precios pueden superar ampliamente los valores originales y alejar todavía más a los aficionados comunes de la posibilidad de asistir a los encuentros.
Sheinbaum reconoció que está “bien” que el Mundial se gestione también como un negocio, pero insistió en que el deporte debe conservar su sentido social y su capacidad de reunir a la gente.
El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, defendió previamente los altos precios de las entradas, al argumentar que responden al mercado norteamericano y a la demanda existente para el torneo.
Frente a las críticas por los precios, el Gobierno de México ha promovido una iniciativa denominada “Mundial Social”, que busca acercar el torneo a personas que no pueden pagar una entrada para asistir a los estadios.
El programa contempla festivales callejeros, pantallas gigantes y actividades públicas gratuitas en Ciudad de México y otras zonas del país, para que mexicanos y turistas puedan disfrutar los partidos en espacios abiertos.
Según autoridades locales, alrededor de medio millón de personas asistieron a 18 festivales callejeros en Ciudad de México el 11 de junio para ver el partido inaugural, en el que México derrotó a Sudáfrica.
Sheinbaum también rompió con una tradición de larga data en los mundiales, al no asistir al partido inaugural como presidenta del país anfitrión y entregar su boleto a una joven futbolista indígena que no tenía recursos para comprar una entrada.
El Gobierno federal informó además que boletos recibidos por funcionarios públicos serían entregados a personas participantes en actividades del Mundial Social y a estudiantes, como parte de una estrategia para ampliar el acceso al torneo.
La controversia por los precios ocurre mientras algunos partidos han mostrado asientos vacíos en sedes como Guadalajara, situación que ha reabierto el debate sobre si los costos de acceso están afectando la asistencia en determinados encuentros.
Con sus declaraciones, Sheinbaum colocó nuevamente sobre la mesa una discusión de fondo: si el Mundial debe priorizar únicamente la rentabilidad comercial o también garantizar que más aficionados puedan vivir la experiencia del fútbol en los estadios.