
La seducción de menores se posiciona como uno de los delitos más preocupantes en República Dominicana, con un crecimiento sostenido que, según datos oficiales, ha alcanzado su punto más alto en la última década. Este fenómeno, muchas veces invisibilizado dentro de otras tipificaciones como el abuso sexual, avanza entre la normalización social y el entorno digital.
Un trabajo especial del periódico El Diario Libre, destaca el caso de una adolescente de 14 años, que se fue a vivir con un adulto bajo la apariencia de una relación consentida, refleja una realidad que persiste en distintas comunidades.
Indica que dos años después, la joven perdió la vida tras una relación marcada por la violencia, evidenciando las consecuencias de este tipo de vínculos desiguales.
En los últimos diez años, se han registrado 20,969 denuncias relacionadas con delitos sexuales vinculados a la seducción de menores, de acuerdo con la Procuraduría General de la República. Lejos de disminuir, los casos muestran un incremento progresivo, alcanzando en 2023 un total de 2,306 denuncias, la cifra más alta del período analizado.

Estos datos reflejan no solo la persistencia del problema, sino también las dificultades estructurales para prevenirlo y sancionarlo de manera efectiva.
Las estadísticas y testimonios coinciden en que las niñas son las más afectadas por este delito. En muchos casos, los agresores tienen antecedentes similares, pero continúan accediendo a nuevas víctimas, lo que evidencia fallas en los mecanismos de seguimiento y protección.
En la última década, las denuncias por seducción de menores han mantenido una tendencia al alza sin reducciones sostenidas, pasando de 1,767 casos en 2015 a 2,306 en 2025, el nivel más alto registrado. Este comportamiento evidencia un problema estructural que no ha podido ser contenido por las medidas actuales.
Las cifras también revelan limitaciones importantes en el sistema, ya que las autoridades no cuentan con datos desagregados por sexo y edad, lo que dificulta identificar con precisión a las víctimas y diseñar respuestas más efectivas.
Además, el problema está subrepresentado en las estadísticas, ya que muchos casos no se denuncian debido al miedo, los prejuicios sociales y la normalización de estas conductas. Esta situación impide dimensionar con exactitud el alcance real del delito.
Detrás de estos hechos, expertos señalan que existe un patrón de manipulación o “grooming”, donde los agresores, generalmente cercanos a la víctima, utilizan vínculos emocionales, regalos y promesas para captar a menores, aprovechando también espacios digitales sin supervisión.