El podcast dominicano avanza como un tren veloz sin rieles firmes: mientras conquista a millones de oídos en República Dominicana y a la vez se desangra por dentro. Bajo el brillo del auge, late una industria frágil, marcada por el abandono masivo de los creadoderes de contenidos y la inconsistencia de los creadores dominicanos. Es un ecosistema que promete revolución, pero camina al borde del colapso creativo.
En el mapa digital de República Dominicana hay una cifra que impone respeto: 4.5 millones de personas el 42% de la población escuchan al menos un podcast cada mes. Este dato posiciona al audio digital no como una moda pasajera, sino como una vía consolidada de consumo cultural, informativo y emocional. En un país donde la radio tradicional aún conserva 5.1 millones de oyentes, el ascenso del podcast es tan silencioso como firme. Y ya amenaza con superar a los medios tradicionales, al menos en el corazón de los más jóvenes.

Pero detrás de este boom se esconde una realidad incómoda. Desde 2005, en el ecosistema abierto de podcasting dominicano se han creado al menos 1,346 programas identificables en directorios públicos. De ellos, solo 124 se mantienen activos en 2026, es decir, han publicado episodios en los últimos seis meses. El resto —alrededor del 91%— ha dejado de emitir, sepultados en plataformas donde nadie los busca. Es un cementerio digital de ideas, voces y promesas que nunca lograron sostenerse en el tiempo.
Es fácil comenzar. Difícil, sostenerse.

La historia reciente del podcast dominicano se divide entre el entusiasmo masivo que despertó durante la pandemia y la estabilización casi estancamiento que vino después. En 2020, el encierro forzado fue también el paritorio de una ola de creatividad sin precedentes: más de 300 nuevos programas nacieron solo en ese año. Los años siguientes continuaron esa tendencia. El pico llegó entre 2020 y 2021, cuando el país superó los 500 podcasts creados anualmente.
En 2025, solo 84 nuevos proyectos vieron la luz. Y de ellos, la mayoría no pasó de su tercer episodio. Muchos no sobrevivieron al silencio entre un intento y otro. La curva de entusiasmo dio paso a la curva de abandono.