
Los New York Knicks firmaron una de las remontadas más dramáticas en la historia reciente de las Finales de la NBA, al vencer 107-106 a los San Antonio Spurs en un cuarto partido que pudo cambiar el rumbo de una espera de más de cinco décadas por otro campeonato.
El equipo de Nueva York llegó a estar abajo por 29 puntos, pero nunca se rindió y terminó encontrando la jugada decisiva en los últimos segundos, cuando OG Anunoby corrigió un disparo fallado de Jalen Brunson y convirtió un canasto que desató la locura en el Madison Square Garden.
La jugada final duró apenas 4.5 segundos, pero quedó marcada como una de esas secuencias que se repiten una y otra vez en la memoria de una franquicia, una ciudad y una fanaticada que ha esperado 53 años para volver a celebrar un título de la NBA.

Con 5.7 segundos por jugar y los Knicks abajo por un punto, Nueva York pidió tiempo muerto para organizar la última posesión del partido, después de que los Spurs tomaran ventaja 106-105 con dos tiros libres de Stephon Castle.
OG Anunoby fue el encargado de sacar desde la banda, mientras San Antonio decidió defender con sus cinco jugadores dentro de la cancha y no colocar a nadie frente al pasador, apostando a cerrar los espacios para los tiradores de Nueva York.
Jalen Brunson logró liberarse cerca de la mitad de la cancha, recibió el pase, dio un bote y lanzó un triple muy lejano, de unos 31 pies, por encima de la marca de Victor Wembanyama, quien intentó incomodarlo con su enorme alcance defensivo.
El disparo de Brunson quedó corto y golpeó el aro, pero el rebote salió justo hacia la zona donde Anunoby, que había entrado desde fuera de límites, apareció sin marca clara para atacar el cristal ofensivo.
Con 2.5 segundos restantes, Anunoby saltó entre defensores de San Antonio, alcanzó la pelota con la mano derecha y la desvió suavemente hacia el aro, en una jugada de pura reacción que terminó cambiando el resultado del partido.
El balón pasó por encima del aro, cayó dentro de la red y provocó una explosión inmediata en el Madison Square Garden, donde jugadores, fanáticos y el cuerpo técnico de los Knicks celebraron una canasta que puede convertirse en símbolo de esta serie.
Josh Hart, quien minutos antes se culpaba por una jugada defensiva que permitió la ventaja de San Antonio, encontró alivio en la intervención de Anunoby, que le evitó cargar con una derrota que parecía muy cerca para Nueva York.
La jugada también dejó golpeados a los Spurs, que habían controlado gran parte del encuentro y estuvieron a segundos de llevarse una victoria clave como visitantes, pero no pudieron asegurar el rebote más importante de la noche.
Victor Wembanyama, quien defendió el primer intento de Brunson, solo pudo girar y ver a Anunoby elevarse cerca del aro para corregir el fallo, en una acción que terminó definiendo un partido de máxima tensión.
La ventaja final de un punto fue apenas la mayor diferencia que tuvieron los Knicks en toda la noche, pero fue suficiente para completar una remontada gigantesca y acercar a la franquicia a un momento que sus fanáticos llevan décadas esperando.
El entrenador Mike Brown calificó la jugada como una de las más icónicas en la historia del baloncesto de Nueva York, una definición que encaja con el peso emocional de una remontada que ya forma parte del relato de estas Finales.
Con esta victoria, los Knicks no solo ganaron un partido: también ganaron una escena para la historia, una secuencia de segundos que puede ser recordada durante años si Nueva York termina coronando esta carrera por el campeonato.