Aplazar la alarma al despertar es una práctica habitual en millones de personas en todo el mundo. Para muchos, representa solo unos minutos extra de descanso, pero especialistas advierten que este hábito puede influir en la calidad del sueño y en el funcionamiento del organismo.
Un estudio internacional que analizó los patrones de sueño de más de 21,000 adultos durante seis meses, mediante el uso de teléfonos inteligentes, reveló que más del 50 % de las noches incluyeron al menos un aplazamiento del despertador. En promedio, las personas posponen la alarma 2.4 veces antes de levantarse definitivamente.
El comportamiento es más frecuente entre quienes se acuestan tarde, se despiertan varias veces durante la noche o experimentan somnolencia al iniciar el día. Esta tendencia se observa en distintos países y horarios, lo que sugiere una relación directa con el déficit de sueño y la búsqueda de una transición más suave al despertar.

Expertos señalan que aplazar la alarma puede fragmentar el descanso, especialmente si interrumpe la fase REM, fundamental para la memoria, el aprendizaje y la regulación emocional. La especialista en sueño Rebecca Robbins advirtió que estas interrupciones pueden volver el sueño menos reparador, al obligar al cerebro a regresar repetidamente a fases superficiales.
No todos los expertos coinciden en que el impacto sea grave. La neuróloga Cathy Goldstein asegura que aún no existen pruebas concluyentes de que perder algunos minutos de sueño REM afecte de forma significativa el estado de ánimo o las capacidades cognitivas.
Uno de los principales riesgos es el desajuste del ritmo circadiano. Si aplazar la alarma retrasa el despertar más de media hora, el cuerpo puede interpretar ese cambio como un desfase, dificultando el sueño nocturno y generando cansancio persistente durante el día.
Para la doctora Shelby Harris, posponer la alarma suele ser un reflejo de problemas de sueño subyacentes, como insomnio, apnea del sueño, narcolepsia o efectos secundarios de medicamentos. Por ello, recomienda mejorar la higiene del sueño manteniendo horarios regulares, evitando la cafeína en horas tardías y cuidando el entorno de descanso.

Algunos estudios recientes indican que, en personas bien descansadas, unos minutos adicionales de sueño ligero pueden reducir el letargo matutino y mejorar temporalmente el rendimiento mental. Sin embargo, los expertos advierten que no debe convertirse en una práctica habitual.
Si la dificultad para levantarse es constante o se acompaña de fatiga durante el día, lo más recomendable es consultar a un profesional de la salud para identificar la causa real y recuperar una buena calidad de sueño.
Fuente: Infobae.