Las dietas ricas en grasas saturadas y azúcares son cada vez más habituales en todo el mundo. Un nuevo estudio sugiere que componentes derivados de las semillas de chía —ricas en fibra y ácidos grasos saludables— pueden contrarrestar algunos efectos nocivos de una dieta poco saludable sobre el cerebro.
La investigación, realizada por científicos de la Universidad Federal de Vicosa (Brasil) y publicada en la revista Nutrition, demostró que tanto la harina como el aceite de chía pueden influir en la regulación del apetito y en la inflamación cerebral.
Los resultados revelaron que el aceite de chía aumentó la actividad de genes que suprimen el hambre. Además, tanto el aceite como la harina mejoraron la sensibilidad del cerebro a la leptina —la hormona de la saciedad— y redujeron la producción del neuropéptido Y, principal señal química del hambre en el cerebro.
A pesar de estas mejoras, las ratas que consumieron chía no experimentaron una reducción de peso. Los científicos consideran que la alta densidad calórica de la dieta pudo enmascarar los beneficios, y que la pérdida de peso podría requerir un período de exposición más prolongado.
Los investigadores destacaron el potencial de los alimentos funcionales, como la chía, para influir en la salud cerebral. Sin embargo, concluyeron que son necesarios más investigaciones y ensayos clínicos para confirmar si estos efectos prometedores pueden replicarse en humanos.