
Decir “no” continúa siendo una de las acciones más difíciles para muchas personas. Más allá de rechazar una invitación o un favor, implica enfrentar el miedo a decepcionar, incomodar o provocar conflictos.
En una cultura que valora la complacencia y la disponibilidad permanente, poner límites suele percibirse erróneamente como egoísmo, cuando en realidad es una necesidad esencial para la salud emocional.
Esta dificultad suele venir acompañada de un comportamiento común: dar explicaciones excesivas. En lugar de una negativa simple, muchas personas recurren a largas justificaciones y excusas, como si decir “no puedo” no fuera suficiente sin detallar motivos, tiempos y consecuencias. El objetivo, en el fondo, es evitar el enfado o el rechazo del otro.

Detrás de este patrón suele existir una relación frágil con la autoestima. Muchas personas aprendieron que ser aceptadas implica agradar, anticiparse a las necesidades ajenas y demostrar constantemente que sus decisiones están bien fundamentadas. En ese contexto, la comunicación deja de ser un intercambio natural y se convierte en una forma de autoprotección.
Vila advierte que, cuando una persona se justifica constantemente, en realidad está dudando de su derecho a decidir y a ocupar espacio. “No estás comunicando, estás pidiendo permiso para existir”, señala. Esta actitud refleja la dificultad de reconocer que no siempre es necesario dar explicaciones para poner un límite.
La psicóloga aclara que este hábito no surge al azar. Suele tratarse de una “estrategia de supervivencia aprendida”, desarrollada en entornos donde expresarse libremente no era seguro. Justificarse, anticiparse al conflicto o evitar el desacuerdo pudo ser útil en el pasado, pero mantenerlo en la adultez genera desgaste emocional y refuerza la baja autoestima.

Para describir este comportamiento, Vila utiliza una metáfora clara: “Es como mostrar tu DNI emocional cada vez que hablas”. Cada explicación adicional funciona como una prueba de legitimidad, como si la propia palabra no fuera suficiente, lo que provoca cansancio y una sensación permanente de fragilidad.
En consulta, la psicóloga trabaja lo que denomina el “límite corto”: respuestas claras, directas y sin excusas innecesarias. Frases como “no”, “no me viene bien” o “no lo voy a hablar” son suficientes. “Todo esto sin justificarte y sin dar explicaciones de más”, subraya.
Aunque poner límites de esta forma puede generar incomodidad al principio, no se trata de egoísmo, sino de autocuidado. Según Vila, la autoestima mejora cuando las acciones reflejan respeto hacia uno mismo. “La autoestima sube cuando tus actos te respetan”, concluye.
Fuente: Infobae.