Los proyectos anunciados por el ministro de Economía y Hacienda, Magín Diaz, para corregir distorsiones fiscales constituyen la antesala de una eventual reforma estructural, según el análisis realizado por el coordinador de El Sol de la Mañana, Julio Martínez Pozo.
De acuerdo a los datos citados por Martínez Pozo, durante una conferencia ofrecida en la Cámara Americana de Comercio, Díaz expuso que “el crecimiento económico y la salud fiscal son complementarios. No son antagónicos”.
Esta frase resume el enfoque de la administración en materia económica, analizó el comunicador en su comentario de este miércoles. Dijo que el planteamiento sugiere que el fortalecimiento de las finanzas públicas debe ir de la mano con políticas que impulsen la actividad productiva, evitando que una afecte negativamente a la otra.
En ese contexto, Díaz abordó el tema de la llamada “permisología”, señalando que existen “más de 120 mil millones de dólares en proyectos en carpeta, algunos con más de 10 años”, afectados por trabas administrativas.
Aunque reconoció la necesidad de cumplir regulaciones, insistió en que debe haber mayor eficiencia para evitar que inversiones estratégicas permanezcan paralizadas.
Martínez Pozo interpretó que el anuncio de proyectos para corregir distorsiones y facilitar el cumplimiento tributario representa un paso inicial hacia una reforma fiscal más amplia.
Indicó que “la intención de la administración es ponerle el camino más fácil al contribuyente” y que “cosas que tiene el contribuyente y que tiene la empresa y la pequeña empresa que no deben pagar, no la pague”.
Desde su punto de vista, el mensaje del funcionario equivale a preparar el terreno para cambios estructurales en el sistema tributario.
“Magín está colocando un poquito de algodón antes de la inyección”, comentó, al reiterar que la idea central es que el crecimiento económico y la salud fiscal deben avanzar de manera conjunta como base de cualquier reforma futura.
Como parte de su exposición, el funcionario hizo referencia al caso de Chile, destacando que “es inevitable la comparación con Chile”.
Recordó que esa nación fue durante décadas un modelo regional por su crecimiento sostenido, estabilidad macroeconómica, baja inflación y superávit fiscales, con una deuda pública cercana a cero gracias a una regla fiscal implementada desde principios de los años 2000 y un banco central autónomo.
No obstante, explicó que desde 2014 la economía chilena redujo su ritmo de crecimiento a un promedio de 2 %, muy por debajo del 5.3 % registrado entre 1990 y 2013. Según lo expuesto, mientras el país era considerado ejemplo de desarrollo, “se creó una narrativa propalando que todo andaba mal”, lo que, sumado a la falta de reformas estructurales oportunas, impactó negativamente su desempeño.