Los problemas dermatológicos empeoran durante el verano debido a que los rayos del sol inciden más perpendicularmente sobre la Tierra, lo que hace que la radiación llegue de forma más directa y continuada.
Una exposición al sol sin protección puede producir quemaduras, fotoenvejecimiento y cáncer de piel, además de otras lesiones dermatológicas, según expertos de Cigna.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), tomar el sol entre 10 y 20 minutos al día es recomendable para absorber unos niveles adecuados de vitamina D. Sin embargo, ese tiempo dependerá de diferentes factores como la estación del año, la hora del día o la edad y el fototipo de piel.
Esta afección se caracteriza por la aparición de manchas blancas (sin coloración) de menor o mayor extensión y en diferentes partes del cuerpo.
Se puede dar de dos formas:
La focal, que aparece a través de ligeras manchas segmentadas en el cuerpo, especialmente en zonas expuestas al sol.
La exposición solar puede favorecer el enrojecimiento, la inflamación o la aparición de brotes de granos, ya que los rayos UV aumentan la sensibilidad de la piel y pueden dilatar los vasos sanguíneos, lo que puede intensificar algunos síntomas.
En el caso de esta enfermedad, la rosácea, no sólo se recomienda tener especial cuidado con la piel durante el verano, sino que también es necesario prestar atención a otros factores, como el estrés o el tipo de alimentación, que pueden empeorar los síntomas.
Los rayos UV pueden debilitar el sistema inmunitario de la piel, lo que facilita la reactivación del virus del herpes.
Asimismo, la radiación ultravioleta también puede causar daño directo a las células de la piel, mientras que el estrés térmico y la inflamación inducidos por el sol pueden contribuir a la aparición de brotes de esta enfermedad.
Para prevenirlos, es importante mantenerse hidratado, seguir una buena alimentación y usar crema solar en las zonas afectadas o, en el caso de herpes labial, utilizar un bálsamo con protección SPF.
Según la Sociedad Española de Reumatología, esta enfermedad afecta a más de 75.000 adultos en España.
El lupus puede tener diferentes tipos de expresiones pero una de las más características es el eritema malar, también conocido como “rash” en alas de mariposa. Este “rash” afecta al tercio medio del rostro (mejillas y nariz) y empeora considerablemente con el sol.
Por ello, los pacientes con lupus nunca deben olvidarse de protegerse del sol en cualquier época del año, pero sobre todo en verano, evitando las horas de mayor índice de radiación UV y usando todo tipo de barreras contra el sol como crema, ropa y sombreros.
Entre los factores que la provocan destacan la humedad y el calor, lo que hace que en verano, cuando aumenta la sudoración, el hongo crezca y la enfermedad se enfatice.
En este caso, para prevenir se recomienda utilizar ropa suelta y transpirable, evitar el uso excesivo de aceites y cambiarse la ropa húmeda si se va a realizar deporte para mantener la piel limpia y seca.
El último de los problemas dermatológicos que se potencian en verano, según los expertos de Cigna, es el melasma. Este oscurecimiento de la piel de la cara es frecuente en mujeres que sufren cambios hormonales por lo que puede verse sobre todo en mujeres embarazadas.
Suele provocar la aparición de manchas oscuras en la frente y las mejillas y la luz juega un papel clave en su desarrollo, haciendo que pueda empeorar después de la exposición al sol.
Por ello, las personas que lo padecen deben usar protector solar con un alto SPF todos los días, especialmente durante el verano, y prestar especial atención a la hora de depilarse el vello facial, que puede provocar irritación en la piel.
Para evitar la aparición de manchas en la piel, melanomas u otro tipo de lesiones cutáneas, es fundamental evitar el sol en las horas donde los rayos UV son más fuertes.
También se recomienda asegurar una buena hidratación, estar a la sombra lo máximo posible y, durante la exposición directa, usar protector solar con SPF alto cada dos horas y después de mojarse.
Asimismo, existe ropa protectora, como sombreros, gafas o prendas diseñadas para minimizar las consecuencias de una exposición directa.