
Un nuevo análisis señala que la resiliencia biológica y las conductas diarias influyen más en la esperanza de vida que la herencia, según expertos y estudios recientes de la Escuela de Salud Pública de Harvard
¿Es posible vivir hasta los 100 años con autonomía y buena salud? Expertos en longevidad y recientes estudios científicos coinciden en que la resiliencia biológica, junto a ciertos hábitos sostenibles, resulta más determinante que la genética para alcanzar esta meta.
Tanto la Escuela de Salud Pública de Harvard como especialistas consultados por Hello Magazine presentan nuevas claves sobre cómo “vivir hasta los 100 años” y gozar de bienestar en la vejez.
La resiliencia biológica es la capacidad del cuerpo para adaptarse ante desafíos internos y externos, favoreciendo la salud y retrasando el envejecimiento. Según la doctora Mariel Silva, directora médica de SHA Spain, la herencia genética solo explica entre un 20% y un 30% de la longevidad.
“El resto depende de factores modificables, principalmente del estilo de vida”, advirtió Silva a Hello Magazine.
Esto significa que, aun con antecedentes familiares poco favorables, se dispone de margen suficiente para influir de manera positiva sobre la salud y la expectativa de vida.
El doctor Mohammed Enayat, de la clínica Hum2n en Londres, coincide en esta visión: “Alcanzar los 100 años no depende fundamentalmente de la suerte genética, sino de la resiliencia biológica acumulada y de una actitud preventiva y activa hacia la salud”, señaló al citado medio.
Mientras que la genética contribuye con una pequeña parte, los comportamientos diarios son el factor principal para alcanzar una edad avanzada con calidad de vida.
Hábitos clave para una vida longeva
La suma continuada de hábitos saludables supera con creces la búsqueda de intervenciones radicales o tecnológicas para prolongar la vida. La doctora Silva resalta la importancia de mantenerse activo físicamente, seguir una dieta nutritiva y variada, procurar un sueño de calidad, regular el estrés y sostener relaciones sociales sólidas.
“La constancia es la clave”, resumió Silva a Hello Magazine. “Son pequeñas decisiones repetidas a lo largo de los años las que generan un impacto positivo en nuestro envejecimiento”.
El doctor Enayat refuerza esta idea, enfatizando el valor de mantener prácticas sencillas a diario. Ejercicio moderado, alimentos integrales, patrones de sueño regulares y vínculos emocionales estables constituyen los pilares para prolongar la salud y la vida. “No son intervenciones espectaculares, pero biológicamente resultan muy eficaces”, subrayó.
La entrenadora personal Abby McLachlan recomienda combinar ejercicio cardiovascular, entrenamiento de fuerza, trabajo de flexibilidad y buena interacción social. Esta rutina refuerza la musculatura, conserva la densidad ósea y contribuye a preservar la movilidad y la función mental en el tiempo.
El contacto asiduo con la naturaleza brinda beneficios adicionales, como explicó la instructora de meditación Ciara McGinley: “El tiempo en la naturaleza puede disminuir la ansiedad, la tristeza y aumentar la satisfacción vital”, indicó al mismo medio.

La prevención y la constancia cuentan con un amplio consenso entre los especialistas en envejecimiento saludable. La doctora Silva remarcó que llegar a los 100 años depende, en buena medida, del cuidado continuo del cuerpo y la mente. Su consejo principal es comprometerse de forma permanente con acciones preventivas y sostenibles.
Para los expertos consultados por Hello Magazine, la repetición de pequeños hábitos diarios es mucho más poderosa que los esfuerzos puntuales o extremos. Dejar de lado la búsqueda de soluciones drásticas y enfocarse en mantener rutinas asequibles, como caminar regularmente o apostar por alimentos naturales, representa la inversión más efectiva para el futuro.
El doctor Enayat insiste en que la longevidad se construye con prácticas cotidianas sostenidas: rutinas de sueño firmes, ejercicio funcional y atención a las relaciones diarias funcionan como factores protectores para la salud a largo plazo.
Un reciente estudio de la Escuela de Salud Pública de Harvard resalta el papel de la resiliencia cognitiva en el envejecimiento. El equipo analizó a 13.999 adultos mayores, evaluando su salud mental durante aproximadamente cinco años previos al fallecimiento.
Los resultados revelan que quienes alcanzan edades más avanzadas, como los centenarios, mantienen mejores capacidades cognitivas y pasan menos tiempo con deterioro cognitivo antes de morir. Entre los nonagenarios, la mediana de años vividos con demencia fue de 2,4, mientras que entre los centenarios fue de solo 1,1.
Según la profesora asistente de epidemiología Yuan Ma, autora principal del estudio, “estos hallazgos apoyan la hipótesis de la compresión de la morbilidad cognitiva en la vejez y subrayan la importancia de la resiliencia cognitiva para un envejecimiento saludable”
. El informe destaca que, aunque ciertos factores genéticos como el APOE ε2 pueden asociarse a una mayor resiliencia cognitiva, su influencia sobresale únicamente entre los centenarios.
Tanto los especialistas citados por Hello Magazine como el equipo de Harvard recomiendan medidas específicas para reforzar la resiliencia biológica y cognitiva. Conocer la edad biológica a través de pruebas avanzadas permite anticipar riesgos y personalizar los cuidados preventivos.
La doctora Cherry Lo señala que la edad cronológica es menos relevante que la biológica, que refleja el verdadero ritmo del envejecimiento del cuerpo. Estas evaluaciones, mediante análisis de ADN y marcadores en sangre, pueden detectar enfermedades potenciales antes de que se manifiesten síntomas y facilitar una intervención temprana.
El movimiento funcional es esencial. Se recomienda priorizar el entrenamiento de fuerza dos o tres veces por semana, realizar caminatas frecuentes y sumar actividades que mejoren el equilibrio y la flexibilidad. McLachlan recomienda integrar yoga, pilates o tai chi para regular el sistema nervioso y reducir el estrés.
El contacto con la naturaleza, al menos 120 minutos semanales, disminuye la presión arterial, la frecuencia cardíaca y las emociones negativas, promoviendo la satisfacción personal. La calidad del sueño también resulta fundamental: el sueño profundo activa procesos de reparación vitales para la salud y la longevidad.
El doctor Enayat aconseja establecer horarios regulares para acostarse, limitar la exposición a luces artificiales en la noche y sincronizarse con los ritmos circadianos. Estas pautas facilitan la recuperación física y la prevención del envejecimiento prematuro.
Adoptar conductas constantes y prestar atención a las señales del cuerpo, reforzadas por herramientas científicas, constituyen la base para aumentar las probabilidades de alcanzar los 100 años con salud y plenitud.