Mantener el cargador del teléfono móvil conectado a la toma eléctrica durante todo el día, aun cuando no se esté utilizando, es una práctica habitual en muchos hogares. Aunque no representa un peligro inmediato ni un impacto significativo en la factura eléctrica, especialistas advierten que este hábito sí conlleva pequeñas consecuencias que vale la pena tener en cuenta.
Uno de los principales efectos es el llamado consumo fantasma. Los cargadores modernos continúan utilizando una mínima cantidad de energía solo por permanecer enchufados, con un gasto estimado entre 0.1 y 0.5 vatios por hora. De forma individual el costo anual es casi imperceptible, pero a gran escala puede representar un consumo energético considerable.
Además, el cargador sufre un desgaste constante de sus componentes. Aunque estos dispositivos están diseñados para durar varios años, permanecer conectados de manera permanente acelera su deterioro. A esto se suma el riesgo de daños ante posibles subidas de tensión, lo que podría inutilizar el cargador y obligar a reemplazarlo.
Asimismo, existe un riesgo bajo pero real de incendio. Si bien los cargadores originales o certificados cuentan con sistemas de protección adecuados, los modelos genéricos, antiguos o de baja calidad pueden presentar fallas ante el sobrecalentamiento, especialmente en espacios con poca ventilación. Por ello, los expertos recomiendan desconectar el cargador cuando no esté en uso como una medida preventiva sencilla.