El estreñimiento es uno de los trastornos gastrointestinales más comunes en la población adulta. Se caracteriza por la dificultad o disminución en la frecuencia de las deposiciones y puede impactar tanto la salud física como el bienestar general.
Según Harvard Health Publishing, la mayoría de los casos mejora con cambios simples en la dieta y el estilo de vida, aunque en algunas situaciones pueden requerirse tratamientos médicos específicos.
Se considera estreñimiento cuando existe una reducción en la frecuencia de evacuaciones, esfuerzo excesivo al defecar o presencia de heces secas y duras. En adultos sanos, la frecuencia normal varía entre tres veces al día y tres veces por semana.

Otros síntomas incluyen sensación de evacuación incompleta, dolor abdominal, distensión y necesidad de maniobras manuales. Es uno de los motivos de consulta médica más frecuentes en todo el mundo.
La fibra es clave para la salud digestiva. Las recomendaciones indican una ingesta diaria de entre 21 y 38 gramos, según edad y sexo.
Los expertos aconsejan introducir la fibra de forma gradual y acompañarla con suficiente líquido para evitar hinchazón o gases.
El agua facilita el tránsito intestinal y previene el endurecimiento de las heces. Harvard recomienda consumir entre cuatro y seis vasos de agua al día, ajustando la cantidad según necesidades individuales.

También pueden contribuir infusiones, jugos naturales sin azúcar y caldos claros. Reducir el consumo de alcohol y cafeína ayuda a prevenir la deshidratación.
En casos ocasionales, los laxantes osmóticos pueden ser eficaces. Actúan atrayendo agua hacia el colon para ablandar las heces. Entre los más utilizados se encuentran:
Su uso prolongado debe ser supervisado por un médico para evitar efectos secundarios como diarrea o desequilibrios electrolíticos.
El aceite mineral funciona como laxante lubricante, facilitando el paso del bolo fecal. Se utiliza principalmente en situaciones de impactación fecal y solo por períodos cortos.
El uso prolongado puede interferir en la absorción de vitaminas y conllevar riesgos en personas mayores o con dificultad para tragar.
Estos medicamentos aumentan la motilidad intestinal y estimulan las contracciones del colon. Son útiles cuando otras medidas no resultan efectivas, pero deben emplearse de forma puntual.

El uso continuo puede provocar dependencia o empeorar el estreñimiento crónico.
El enema consiste en introducir una solución líquida en el recto para estimular la evacuación. Se utiliza en casos severos o cuando otras estrategias han fallado.
Debe realizarse bajo indicación profesional, ya que su uso reiterado puede alterar electrolitos o causar lesiones.
El ejercicio es un pilar en la prevención y tratamiento del estreñimiento. Caminar al menos 30 minutos diarios, andar en bicicleta o nadar favorece la motilidad intestinal.
La inactividad física, especialmente en adultos mayores, se asocia con mayor riesgo de problemas digestivos.
No todos los casos pueden resolverse con autocuidado. Es fundamental acudir a un profesional si aparecen:

Estos síntomas pueden indicar patologías más graves, como obstrucciones intestinales o enfermedades inflamatorias.
Harvard Health Publishing enfatiza que la prevención del estreñimiento depende, en la mayoría de los casos, de una alimentación equilibrada rica en fibra, hidratación suficiente y actividad física regular.
Adoptar estos hábitos no solo mejora la función digestiva, sino que contribuye al bienestar general y a una mejor calidad de vida.
Fuente: Infobae.