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Muere Alan Greenspan, expresidente de la Reserva Federal de EE UU, a los 100 años

Lideró la política monetaria estadounidense entre 1987 y 2005 y se le criticó por mirar hacia otro lado mientras se formaban las burbujas que llevaron a la Gran Recesión de 2008

Jazmín Figueroa
Jazmín Figueroa
22 junio, 2026 - 8:44 AM
13 minutos de lectura
El economista Alan Greenspan. FUENTE EXTERNA
Muerte
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El economista Alan Greenspan (1926, Nueva York), probablemente el gobernador de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) más influyente de la historia, ha muerto a los 100 años, según ha informado este lunes la cadena estadounidense NBC.

Nacido cerca de Manhattan, en Nueva York, en el seno de una familia judía, heredó de su madre, una discreta pianista, su pasión por la música. Greenspan, el hombre que estuvo al mando de la Reserva Federal durante 18 años y medio, entre 1987 y 2006, el segundo mandato más largo al frente de la FED; el economista que acuñó el término “exuberancia irracional de los mercados” para describir el optimismo exagerado de los inversores en Bolsa antes de la burbuja; estuvo a un paso de dedicarse a la música. Pero la partitura que mejor interpretó fue la de los mercados financieros.

Este hombre, libertario, con un gran olfato político, mujeriego y apasionado del golf, fue una leyenda para analistas e inversores. Sus palabras se escrutaban con suma atención, tratando de buscar mensajes escondidos en sus discursos. Aunque en su balance también están las críticas que le acusan de mirar para otro lado cuando se estaban formando las burbujas de las puntocom y la financiera, que acabó con la Gran Recesión.

Tras graduarse en el instituto, tocó el clarinete y el saxofón en bandas de música. Llegó a tocar en la Henry Jerome Band, pero abandonó su prometedora carrera musical porque se dio cuenta de que nunca lograría alcanzar el nivel de su admirado Stan Getz, con quien compartió escenario. Durante una charla ante unos alumnos de la Universidad de Rice, en Houston, explicó que en realidad abandonó la música porque en los descansos de cada ensayo se iba a la biblioteca que estaba cerca a leer libros de economía. “Si en lugar de haber girado a la derecha en la biblioteca, hubiera girado a la izquierda, quizá habría sido físico”, dijo entonces.

Pero esa elección lo convirtió en el hombre al que durante dos décadas se le atribuyeron capacidades taumatúrgicas sobre los mercados financieros. Su carrera parecía marcada desde el principio. Se matriculó en la facultad de Comercio de la Universidad de Nueva York, donde destacó por su manejo de las cifras y estadísticas. El hombre que aseguraba tomar sus mejores decisiones durante largos baños de agua caliente a primera hora de la mañana tenía la capacidad de memorizar grandes cantidades de datos.

Así consiguió un empleo en la Conference Board, una especie de centro de pensamiento económico de la patronal neoyorquina. En paralelo, hizo un doctorado en Columbia, donde conoció al economista Arthur Burns, un suceso que a la postre marcaría su carrera. Burns, que más tarde se convertiría en presidente de la Fed entre 1970 y 1978, fue una especie de mentor profesional, que le transmitió la importancia de los ciclos económicos y de adelantarse a ellos.

Con apenas 26 años, y gracias a sus artículos para la Conference Board, Greenspan conoció a un veterano consultor llamado William Townsend con quien se asoció para montar una firma de consultoría en Wall Street. Allí permaneció 34 años en los que logró enriquecerse y mantener un acomodado nivel de vida.

Durante su juventud Greenspan fue un declarado libertario influido por las lecturas de la novelista y filósofa Ayn Rand. Ese activismo le acercó a la política y con ya 41 años se unió a la campaña electoral de Richard Nixon en 1967. Cuando el republicano llegó a la Casa Blanca, Greenspan prefirió mantenerse en un segundo plano participando en el diseño de políticas y colaborando con su mentor Arthur Burns, quien fue nombrado presidente de la Reserva Federal. Sebastian Mallaby, autor de El hombre que sabía, la vida y tiempo de Alan Greenspan, cuenta en su libro que Greenspan tuvo que interceder para que Burns dejara de atacar la política económica de Nixon y bajara los tipos de interés para mejorar el clima económico. Eran los años de la crisis del petróleo, con una inflación galopante y crecimientos anémicos, un fenómeno conocido como estanflación.

Veinte años después y gracias a sus conexiones con el partido Republicano, Ronald Reagan lo nombró presidente de la Reserva Federal. Era agosto de 1987 y Greenspan tenía ya 61 años. Pocas semanas después de su llegada a la institución ubicada en la avenida de la Constitución en Washington DC, tuvo que hacer frente a una profunda crisis bursátil en el llamado Lunes Negro de 1987. Ese día la Bolsa vio esfumarse casi un cuarto de su valor en unas horas. Greenspan, quien años más tarde reconoció que cuando le dijeron que Wall Street perdía 508 puntos de golpe, pensó que solo eran un 5,08 puntos, sacó la artillería y se mostró dispuesto a emplear todas las herramientas de política monetaria para proteger el sistema financiero y la economía: bajó los tipos de interés y ofreció líneas de liquidez para calmar a los mercados. Ahí comenzó a forjar su leyenda.

El periodo en el que transcurrió su mandato se conoce como La Gran Moderación, porque las caídas del ciclo económico fueron más suaves, gracias, en parte, a la intervención de la FED. “Muchos atribuyen a Greenspan el mérito de haber facilitado la expansión económica oficial más larga de la historia de Estados Unidos”, escribe la Reserva Federal en una nota biográfica sobre Greenspan. Lo cierto es que durante los 75 trimestres en los que estuvo en el cargo, Estados Unidos se expandió a un ritmo medio del 3,2%, con solo cuatro trimestres de contracción.

También se le atribuyó parte del éxito de la guerra contra la inflación. A finales de los setenta y mediados de los ochenta los precios llegaron a crecer a tasa de dos dígitos y aunque fue su antecesor Paul Volcker quien dio un volantazo a la política monetaria de la FED, durante el mandato de Greenspan los precios se enfriaron hasta el 2% tras subir drásticamente el precio del dinero al principio de su mandato. “Tenía fama de ser un firme antiinflacionista, centrándose más en el control de precios que en la promoción del pleno empleo”, señala la Reserva Federal en la nota biográfica.

La gestión durante sus primeros años al frente del Banco Central de Estados Unidos lo convirtió en una leyenda. Así que cuando George W. Bush llegó a la presidencia no se atrevió a tocarlo. Tampoco lo hizo Bill Clinton, quien lo mantuvo en su puesto tras beneficiarse de la política monetaria restrictiva de la FED al final del mandato de George Bush padre, lo que enfrió la economía y facilitó su llegada a la Casa Blanca.

Uno de los momentos más importantes de la carrera de Greenspan fue el discurso que pronunció en el American Enterprise Institute en diciembre de 1996. En un discurso televisado indicó: “Es evidente que una inflación baja y sostenida implica una menor incertidumbre sobre el futuro, y unas primas de riesgo más bajas implican precios más altos de las acciones y otros activos rentables […]. Pero ¿cómo sabemos cuándo una exuberancia irracional ha disparado el valor de los activos, que luego se ven sujetos a contracciones inesperadas y prolongadas, como ocurrió en Japón durante la última década?”.

La frase, que se le ocurrió a Greenspan en la bañera mientras escribía un discurso, algo que hacía habitualmente, provocó una sacudida en los mercados de todo el mundo porque los analistas entendieron que la Bolsa podía estar viviendo una burbuja. “La bañera es el lugar donde conseguía muchas de mis mejores ideas”, escribió Greenspan en su autobiografía La era de las turbulencias. Tras el discurso siguieron unos años de calma que concluyeron con el estallido de la burbuja de las puntocom al final del año 2000. Esas palabras, exuberancia irracional, lo acompañarían durante toda su vida.

El año siguiente tuvo que hacer frente a los ataques del 11-S. Para combatir la histeria bursátil tras los atentados, Greenspan redujo el precio del dinero al 1%, el nivel más bajo de los últimos 50 años. Lo mantuvo bajo durante mucho tiempo. Por eso se le reprocha haber alimentado el frenesí financiero que causó la gran burbuja crediticia de 2008.

Greenspan

abandonó la Reserva Federal en 2005. Y fue testigo del tremendo desplome de la economía provocado por la Gran Recesión, que tiene en la caída de Lehman Brothers, su gran epítome. El banquero central llegó a reconocer que quizá pudo haber hecho algo más para evitar esa supercrisis. “El verdadero problema es que buena parte de la política monetaria se basa en las previsiones económicas, y la capacidad de esta es limitada”, dijo años más tarde.

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