Podríamos comenzar hablando de las “locuras para la esperanza, (…), aquellas locuras donde el cuerdo no alcanza”, que canta Silvio, pero no. Esta vez, de la que quiero hablar es de la locura más terrible, de la depresión como epidemia global.
Locura de una población atrapada en los mandatos invisibles de un sistema donde todos somos, apenas, una mercancía, “un médalo en el mar, un espejismo” a lo Cortez, y donde el gran propósito de la existencia no solo es aquello de tener para ser, porque ahora, además, hay que aparentar, con Instagram como escenario.
Las locuras de las que hablo, no remiten a los locos de Ferrer y Piazzolla, que, sorprendidos, ven pasar la luna “rodando por Callao”, sino a la “nube negra” del genial loco de Úbeda. Esa locura que llega “cuando solo recibimos noticias de la muerte y deshojamos el triste racimo de la nada”.
Hablamos de locura, mientras el gobierno presenta su Plan de Salud Mental enfocado en la prevención, la integración social en las comunidades y el fortalecimiento de la atención primaria, junto a la habilitación de la línea de orientación psicológica 8-1-1.
El tránsito, por ejemplo. Conducir en este gran Macondo con Ferrari, donde las autoridades prohíben a los agentes de la Digesett aplicar la ley de tránsito a motoristas, guagüeros y conchos, es un martirio que solo conduce a la demencia más esquizoide.
Locura a la que lleva una república entrecomillada, donde los gobiernos temen a la cúpula pluripartidista de un sindicato de docentes convencido de que es el rector y jefe de la educación no universitaria; como es para volverse maníaco enajenado, la confirmación de que continúa la Policía Nacional, en su versión análoga, asesinando supuestos delincuentes siempre pobres.
Entonces, cómo seguir cuerdos en una aldea de neón que a veces, es apenas, una incitación a la delincuencia… y a la locura.
Muy cuerdo, el gobierno ha presentado su Plan contra la locura, que nada tiene que ver con aquella romántica locura “que solo floreció una primavera, que no pasó de ser una aventura y el viento del verano marchitó”. Perdón por la nostalgia.