
La reducción del sueño profundo en adultos mayores está asociada con un aumento del riesgo de desarrollar demencia, según estudios sobre salud cerebral.
El sueño de ondas lentas, que corresponde a la fase más profunda del descanso, cumple funciones esenciales en el cerebro. Durante este proceso se consolidan los recuerdos, se reorganizan las conexiones neuronales y se eliminan desechos metabólicos vinculados a enfermedades como el Alzheimer.
En esta etapa, el cerebro activa mecanismos de limpieza que eliminan sustancias como las proteínas beta-amiloide y tau. Estas están relacionadas con el deterioro cognitivo cuando se acumulan.

Además, el sueño profundo permite restablecer el equilibrio de las conexiones neuronales, lo que mejora la memoria, la atención y la capacidad de aprendizaje.
Especialistas indican que esta fase del sueño disminuye de forma progresiva con el envejecimiento, especialmente a partir de los 60 años.
Aunque no se ha establecido una relación causal directa, los expertos advierten que los trastornos del sueño pueden funcionar como un indicador temprano de enfermedades neurodegenerativas.