
El presidente del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (Indotel), Guido Gómez Mazara, afirmó que el expresidente Leonel Fernández actuó bajo una fuerte presión política al pronunciarse sobre la situación de Venezuela, pese a que —a su juicio— lo más conveniente habría sido guardar silencio ante la coyuntura internacional actual.
Durante su participación en El Sol de la Mañana, Gómez Mazara explicó que Fernández es plenamente consciente de que debe “trabajar con un hilo muy fino” en el escenario actual, debido a que cualquier declaración suya podría provocar una reacción adversa del Departamento de Estado de Estados Unidos, con posibles consecuencias en el plano electoral dominicano. En ese sentido, sostuvo que el líder de la Fuerza del Pueblo combina una coherencia académica con cálculos políticos inevitables.

El funcionario consideró que las referencias del expresidente Fernández a la legalidad internacional, así como a figuras como el secretario general de la ONU o el papa, constituyen una forma “habilidosa” de distanciarse de la realpolitik que domina el contexto geopolítico, aunque advirtió que ese enfoque responde más a una “ilusión intelectual” que a la dinámica real del poder global.
Gómez Mazara subrayó que el escenario actual es muy distinto al de 2008, cuando Fernández promovió a República Dominicana como “capital de la paz” en medio de tensiones entre Venezuela, Colombia y Ecuador. En aquel momento —recordó— los líderes involucrados contaban con legitimidad democrática, una condición que, según afirmó, hoy no se cumple en el caso venezolano.
A su entender, Fernández sabía que pronunciarse implicaba riesgos, pero terminó haciéndolo debido a presiones externas. “Si yo hubiese sido él, no hablaba”, expresó Gómez Mazara, al señalar que el silencio habría sido una mejor herramienta política. No obstante, reconoció que el expresidente reaccionó ante el contexto, aunque sin fijar una posición contundente frente a la actuación de Estados Unidos.
Finalmente, Gómez Mazara situó el debate en un marco más amplio de reordenamiento mundial, donde las decisiones ya no responden a criterios ideológicos, sino a disputas por el control político y económico global, con Estados Unidos buscando recuperar espacios frente al avance de China en América Latina.