
Entre tantas otras cosas, al profesor Juan Bosch se le recuerda por aquella Constitución de 1963, que nos mostró el camino de la democracia y sus valores.
Una Constitución tan socialmente justa, que provocó su derrocamiento a manos de un imperio Monroe, seis curas del demonio, diez izquierdistas en la luna, y trece ricos ciegos de ambición, y lo convirtió en el eterno presidente moral de todos los dominicanos.
Aunque fui un frontal crítico de la forma de gobernar de Joaquín Balaguer en lo que tiene que ver con los derechos -y sobre todo- con los izquierdos humanos, uno le reconoce al delfín más ilustrado de la mayor satrapía que ha padecido América, su radical defensa de la madre tierra, al salvarla de aquellos aserraderos ecocidas; o su decisión de construir la hoy imprescindible Ave. 27 de Febrero, a pesar de las críticas.
Lo mismo ocurrió con Leonel Fernández; con llevar las computadoras a las escuelas, con el E-Government, el adelantado ITLA, o la locura esquizoide de atreverse a construir un metro en Santo Domingo, sin el cual, nuestras calles serían hoy algo peor que el “hormiguero pateao” que ya son.
De Danilo Medina recordará este país su patriótica decisión de construir las hoy imprescindibles plantas de Punta Catalina, lo que le enfrentó a las campañas de cierta aristocracia generadora, que ha sido tan afectada por los bajos precios de generación de las plantas banilejas como bendecido ha sido el pueblo dominicano.
Como no debemos olvidar su decisión de restablecer relaciones diplomáticas con China, y estar dispuesto a pagar el precio. Por eso, cuando el canciller estadounidense, Mr. Pompeo, lo llamó a Palacio para amenazarlo, y luego divulgó parte de lo conversado, cuentan que esa misma tarde (como a las 5:00) el sureño se marchó para Arroyo Cano, y, como Séneca, condenado pero tranquilo, se sentó a esperar que Washington, como si fuera Roma, llegara a envenenarlo… y pagó el precio.
Ahora que tantos aspiran, todos deberían saberlo: Ante la historia, los presidentes no son recordados por sus concesiones éticas o políticas para ganar elecciones, sino por sus decisiones polémicas y valientes para que el país viva mejor y pueda adelantarse al futuro con el coraje del presente.
PD: Intención de analizar el legado del presidente Luis Abinader tenemos, de lo que carecemos es de espacio. Seguiremos el martes.