
Con el inicio de 2026, la comunidad internacional enfrenta una agenda cargada de desafíos que no lograron resolverse en 2025 y que ahora exigen respuestas urgentes y coordinadas.
Estos retos abarcan desde conflictos armados y tensiones geopolíticas hasta la crisis climática, la gobernanza global y los avances científicos que marcarán el rumbo de las próximas décadas.
En el plano geopolítico, una de las tareas más apremiantes sigue siendo la búsqueda de la paz en los conflictos armados activos.
La guerra entre Rusia y Ucrania continúa afectando la estabilidad de Europa y la economía global, mientras que el conflicto entre Israel y Palestina sigue cobrando vidas y generando una profunda crisis humanitaria.
En América Latina y el Caribe, el escenario político también presenta desafíos significativos. La situación de Venezuela continúa siendo un punto crítico, con la expectativa de cambios políticos tras años de tensiones internas y externas, pese a los intentos y presiones internacionales lideradas en el pasado por la administración estadounidense.
Asimismo, Haití enfrenta una profunda crisis institucional, y uno de los grandes retos de 2026 será lograr la estabilización del país y la celebración de elecciones que permitan la conformación de un gobierno legítimo.
A nivel global, las relaciones entre las grandes potencias, especialmente entre Estados Unidos y China, representan otro desafío central.
La competencia estratégica, tecnológica y comercial entre ambos países exige nuevos acuerdos que eviten una confrontación abierta y permitan cooperar en temas clave como el comercio, la seguridad internacional y el cambio climático, áreas donde la coordinación resulta indispensable.
En materia ambiental, 2026 se perfila como un año decisivo para avanzar en la agenda climática. Entre las tareas pendientes destacan la consolidación de un Tratado Global sobre los Plásticos para enfrentar la contaminación y los compromisos surgidos de las conferencias internacionales sobre el agua y el clima.
La presión para cumplir metas de reducción de emisiones y adaptación al cambio climático será cada vez mayor, especialmente para los países más vulnerables.
Finalmente, el mundo también mira hacia el futuro científico y tecnológico. La carrera espacial, con las misiones Artemis lideradas por Estados Unidos y los programas lunares de China, busca consolidar el regreso de la humanidad a la Luna y sentar las bases para futuras exploraciones.
Estos avances, junto al desarrollo acelerado de la inteligencia artificial y otras tecnologías, plantean el reto de establecer marcos éticos y de cooperación internacional que garanticen que el progreso beneficie a toda la humanidad.
En conjunto, 2026 se presenta como un año clave en el que los líderes mundiales deberán transformar promesas en acciones concretas. La capacidad de diálogo, cooperación y visión a largo plazo será determinante para enfrentar estos grandes desafíos y construir un escenario global más estable, justo y sostenible.