
Dolor de cabeza, insomnio o cansancio constante pueden estar alertando sobre una sobrecarga invisible que afecta el bienestar físico y mental. Reconocer señales tempranas permite actuar a tiempo y evitar complicaciones mayores.
Sentir que el corazón late con fuerza en medio de un embotellamiento de tránsito, perder el sueño por preocupaciones laborales o notar que la cabeza duele más de lo habitual no son simples molestias cotidianas.
De acuerdo con Mayo Clinic, el cuerpo reacciona ante situaciones estresantes liberando hormonas como la adrenalina y el cortisol. Este proceso eleva la frecuencia cardíaca y la presión arterial, preparando al organismo para responder ante el peligro.
Aunque este mecanismo es útil en emergencias, la activación continua puede favorecer el desarrollo de enfermedades cardiovasculares. “La sobreexposición al cortisol y otras hormonas puede incrementar el riesgo de numerosos problemas de salud”, advirtió la organización en su portal oficial.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) subrayó que el estrés sostenido suele manifestarse a través de molestias digestivas, como dolor abdominal, náuseas o cambios en el apetito. “El estrés puede causar dolor de cabeza o de otras partes del cuerpo, malestar gástrico, dificultades para dormir o alteraciones del apetito”, detalló la OMS en una reciente publicación.
3. Dificultades para dormir y fatiga persistente
La incapacidad para conciliar el sueño o el despertar frecuente durante la noche se asocia frecuentemente a niveles elevados de estrés. Según el sitio especializado MedlinePlus: “El estrés puede provocar problemas de sueño y fatiga, aunque la persona no siempre lo asocie directamente”.
Harvard Health Publishing señaló que la tensión muscular, los dolores de cabeza y las migrañas suelen formar parte de los síntomas físicos relacionados con el estrés. “Los músculos se tensan y aparecen gotas de sudor”, describió el informe, aludiendo a la forma en que el cuerpo se prepara para actuar ante una amenaza real o percibida.
El impacto del estrés no se limita al cuerpo. De acuerdo con la NHS del Reino Unido, el estrés puede “afectar cómo te sientes física y mentalmente, así como tu comportamiento”.
Irritabilidad, ansiedad, tristeza, falta de motivación y dificultad para tomar decisiones son algunos de los signos más frecuentes. En algunos casos, la persistencia del estrés puede desencadenar trastornos de ansiedad o depresión, según advirtió la OMS.
Las instituciones consultadas coinciden en que prevenir y gestionar el estrés es posible. Harvard Health Publishing recomendó técnicas como la respiración profunda, el ejercicio físico regular y el apoyo social. “Las personas pueden aprender técnicas para contrarrestar la respuesta al estrés”, subrayó el informe.
La OMS sugirió mantener una rutina diaria, dormir lo suficiente, llevar una alimentación equilibrada y limitar la exposición a noticias que generen inquietud. Hablar con familiares o amigos, buscar actividades placenteras y pedir ayuda profesional cuando el estrés resulta difícil de manejar forman parte de las estrategias más efectivas.
Mayo Clinic alertó sobre el riesgo de recurrir a “maneras poco saludables de manejar el estrés, como el consumo de alcohol, tabaco o comida en exceso”. En su lugar, enfatiza la importancia de identificar los factores desencadenantes y adoptar medidas activas para controlarlos.
“Aprender a manejar el estrés tiene muchas recompensas, como una mejor calidad de vida y relaciones interpersonales más saludables”, destacó el Centro Médico Estadounidense.
Si los síntomas persisten o afectan el funcionamiento diario, la recomendación es consultar a un profesional de la salud. El estrés puede tratarse y controlarse, y las instituciones ofrecen recursos y guías prácticas para quienes buscan mejorar su bienestar físico y emocional.
