El ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, afirmó que el conflicto en Ucrania no es una guerra aislada, sino parte de un enfrentamiento más amplio entre Rusia y los países occidentales. Según explicó, Kiev estaría siendo utilizada como un instrumento geopolítico para generar amenazas directas contra la seguridad rusa.
En una entrevista con medios turcos, el canciller señaló que Ucrania funciona como un “peón” y una “plaza de armas” en las fronteras de la Federación de Rusia, una estrategia que —aseguró— comenzó a desarrollarse desde la independencia del país, pese a los compromisos iniciales de neutralidad y no adhesión a bloques militares.
Lavrov recordó que Moscú reconoció a Ucrania bajo esas condiciones, al igual que otros países, pero denunció que Occidente empezó a intervenir en la política interna ucraniana desde las protestas del Maidán en 2004, apoyando abiertamente a sectores alineados con sus intereses.
A su juicio, esta postura responde a una lógica de “con nosotros o contra nosotros” heredada de una mentalidad neocolonial.
En ese contexto, calificó el cambio de poder ocurrido en 2014 como un proceso impulsado desde el exterior y citó declaraciones de funcionarios estadounidenses que reconocieron inversiones millonarias para la formación de una Ucrania abiertamente antirrusa.
Finalmente, el canciller ruso sostuvo que la actual crisis no es un accidente ni un conflicto interno entre vecinos, sino un proyecto geopolítico de largo plazo.
Para reforzar su argumento, estableció paralelismos históricos con campañas europeas del pasado y acusó al actual liderazgo ucraniano de promover símbolos y discursos que, según él, reflejan una continuidad de esos enfoques hostiles hacia Rusia.