
El paso de la primaria a la secundaria representa una etapa de grandes cambios académicos y sociales que puede generar ansiedad en muchos adolescentes. Nuevos compañeros, diferentes maestros y mayores exigencias escolares forman parte de un proceso de adaptación que, aunque natural, no siempre resulta sencillo.
Entre los principales factores que pueden provocar nerviosismo se encuentran el aumento en la carga de tareas y responsabilidades, así como los cambios en la rutina diaria. Adaptarse a horarios distintos, nuevas dinámicas de clase y mayores expectativas académicas puede generar inseguridad.
Especialistas coinciden en que sentir temor o incertidumbre ante lo desconocido es normal y forma parte del crecimiento.
El acompañamiento de los padres o tutores es clave en esta etapa. Conversar abiertamente y escuchar las preocupaciones sin juzgar ayuda a que el adolescente se sienta comprendido. También es importante animarlo a expresar qué situaciones le generan ansiedad y validar sus emociones.
Compartir experiencias personales sobre esa etapa puede ofrecer perspectiva y tranquilidad. Asimismo, mantener una actitud positiva y de apoyo constante contribuye a reforzar su confianza. Cuando sea posible, organizar una visita previa al centro educativo puede reducir el temor al entorno nuevo.
Para facilitar la adaptación, se recomienda establecer horarios regulares de sueño, promover una alimentación equilibrada y fomentar la actividad física. Practicar técnicas de relajación o respiración puede ayudar a manejar momentos de tensión.
El contacto con amigos también favorece el bienestar emocional. No obstante, si la ansiedad persiste, se intensifica o interfiere con la vida diaria, es aconsejable consultar a un profesional de la salud para recibir orientación adecuada.
La transición a la secundaria es un proceso de crecimiento. Con acompañamiento y herramientas adecuadas, puede convertirse en una experiencia positiva y enriquecedora.
