
Un medicamento recetado desde hace décadas para tratar la hipertensión, las arritmias y las migrañas ha ganado notoriedad por un uso distinto: ayudar a controlar los síntomas físicos del nerviosismo en situaciones de alta presión, como discursos públicos o intervenciones importantes.
Se trata del Sumial y otros fármacos con propranolol como principio activo, un betabloqueante que actúa directamente sobre el sistema cardiovascular.
El propranolol frena la acción de la adrenalina en el cuerpo, bloqueando los efectos de ciertas hormonas del estrés. Esto permite reducir manifestaciones físicas como el temblor en las manos, la sudoración excesiva, el enrojecimiento facial o las palpitaciones aceleradas.
A diferencia de otros medicamentos utilizados para la ansiedad, su efecto principal no es sedar ni alterar el estado mental. La persona permanece consciente y lúcida, pero con menor activación física.
Aunque se ha popularizado como recurso para hablar en público o enfrentar situaciones de exposición, el propranolol es un medicamento que requiere prescripción médica. Su uso debe estar supervisado por un profesional de la salud, ya que puede generar efectos secundarios o no ser adecuado para personas con determinadas condiciones médicas.
Originalmente indicado para enfermedades cardiovasculares, su acción como bloqueador de los síntomas físicos del estrés explica por qué ha trascendido el ámbito clínico y se menciona incluso en entornos políticos y profesionales de alta exigencia.