
El envejecimiento y la menopausia incrementan el riesgo de ictus en las mujeres, una amenaza silenciosa que afecta a millones cada año en todo el mundo. Frente a este escenario, un estudio de gran magnitud aporta una noticia alentadora: la dieta mediterránea se consolida como un factor decisivo para reducir la probabilidad de sufrir accidentes cerebrovasculares en la madurez.

Publicado en la revista Neurology Open Access de la Academia Estadounidense de Neurología, el estudio demuestra que las decisiones alimentarias cotidianas pueden marcar una diferencia sustancial en la calidad de vida a largo plazo.
La investigación se desarrolló en el marco del Estudio de Maestros de California, iniciado en 1995, y siguió a mujeres de entre 38 y 67 años. Las participantes completaron cuestionarios detallados sobre sus hábitos alimentarios y la cantidad de alimentos consumidos durante el año previo al inicio del seguimiento.
La dieta mediterránea se basa en un consumo elevado de verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, aceite de oliva, frutos secos y pescado. Este modelo recomienda limitar la ingesta de carne y lácteos, además de permitir un consumo moderado de alcohol.

Durante 20,5 años de seguimiento, los datos revelaron que las mujeres con mayor adherencia a la dieta mediterránea presentaron un 18% menos de riesgo de ictus en general. El riesgo de ictus isquémico se redujo un 16%, mientras que la probabilidad de ictus hemorrágico disminuyó hasta un 25%, uno de los hallazgos más relevantes del estudio.
La Dra. Sophia Wang, autora principal del estudio y profesora de la División de Análisis de Salud en City of Hope, destacó que la investigación aporta evidencia inédita sobre la reducción del ictus hemorrágico en mujeres, además del beneficio ya conocido frente al ictus isquémico.

Por su parte, el Dr. Andrew Freeman, cardiólogo preventivo y director de prevención cardiovascular y bienestar en National Jewish Health de Denver, respaldó la solidez de la dieta mediterránea como estrategia preventiva. Recordó que estudios previos, como PREDIMED, ya habían vinculado este patrón alimentario con una menor incidencia de eventos cardiovasculares y cerebrovasculares.
Los autores señalaron algunas limitaciones metodológicas, entre ellas la falta de seguimiento de posibles cambios en la dieta o del consumo específico de aceite de oliva a lo largo de los años, factores que podrían haber influido en los resultados.
Los hallazgos refuerzan la adopción progresiva de un patrón alimentario mediterráneo en mujeres que han superado la mediana edad como una medida eficaz para reducir el riesgo de ictus y otras complicaciones neurológicas.
Optar por una dieta rica en alimentos vegetales y baja en grasas saturadas se confirma como una de las estrategias más efectivas para proteger la salud cerebral femenina y mejorar la calidad de vida en la adultez.
Fuente: Infobae.