
La captura del presidente venezolano Nicolás Maduro por fuerzas élite de Estados Unidos marca, para el análisis político regional, un punto de quiebre histórico que va más allá de un simple operativo militar. Así lo expuso el coordinador de El Sol de la Mañana, Julio Martínez Pozo, quien sostuvo que este hecho representa el epílogo de un largo proceso político e ideológico iniciado décadas atrás.
Martínez Pozo afirmó que ningún acontecimiento histórico surge de manera aislada, sino que es consecuencia de una cadena de hechos previos. El comunicador describió el operativo como una paradoja geopolítica: una fuerza élite extranjera actuando en territorio soberano para capturar a un jefe de Estado que, a su vez, estaba protegido por fuerzas élite de otro país.
En ese contexto, criticó la narrativa que califica únicamente a Estados Unidos como fuerza interventora, mientras se justifica la presencia cubana en Venezuela bajo el concepto de “solidaridad internacional”.
Para entender el origen inmediato de la crisis venezolana, Martínez Pozo retrocedió hasta 1989, con la caída del Muro de Berlín y el colapso de la Unión Soviética. Ese momento, explicó, simbolizó “el fin de una utopía que se planteó la toma del poder a través de procesos revolucionarios”, y dio paso a lo que Francis Fukuyama denominó “el fin de la historia”.
Sin embargo, el fracaso del socialismo real no significó su desaparición. Según el análisis de Martínez Pozo este lunes, esa utopía se reinventó en América Latina con la creación, en 1990, del Foro de Sao Paulo, impulsado por Fidel Castro y Luiz Inácio Lula da Silva. “No desaparecía la utopía, se reinventaba”, puntualizó Martínez Pozo.
El Foro de Sao Paulo, explicó, abandonó la vía armada y optó por la conquista del poder mediante procesos electorales, acompañados de una estrategia de control institucional y cultural inspirada en el pensamiento de Antonio Gramsci. “Si no hay un dominio de la cultura, si no hay un dominio de la mentalidad, no habrá predominio”, citó como eje central de esa estrategia.
Ese modelo logró, en su momento, colocar hasta 14 gobiernos latinoamericanos bajo su influencia, aunque la mayoría terminó en “el más rotundo de los fracasos”, según Martínez Pozo. De ese proceso surgieron dos grandes corrientes: la encabezada por Lula y la liderada por Hugo Chávez, ambas identificadas con el llamado socialismo del siglo XXI, pero con métodos distintos.
En el caso venezolano, Martínez Pozo subrayó que Chávez se benefició de un contexto excepcional de altos precios del petróleo. “Llegó a administrar petróleo por encima de los 110 dólares”, recordó, señalando que esos recursos fueron utilizados para financiar proyectos populistas internos y para influir en procesos electorales regionales, sin generar desarrollo sostenible en Venezuela.
Ese legado, afirmó, derivó directamente en el ascenso de Nicolás Maduro, una figura considerada más manejable por el aparato cubano. “Era un instrumento que los cubanos podían disponer para continuar su subsistencia”, sostuvo, al explicar por qué fue impuesto como sucesor tras la muerte de Chávez.
El coordinador de El Sol de la Mañana indicó que el deterioro político culminó con elecciones, “abrumadoramente perdidas y descaradamente robadas”, lo que hacía inevitable una ruptura. Aunque durante años se consideró inviable una intervención externa por el alto costo militar, el escenario terminó cambiando, recordó el analista, evocando el precedente de Manuel Antonio Noriega en Panamá.
De cara al futuro, el coordinador de El Sol de la Mañana anticipó un proceso de transición política en Venezuela, con elecciones en un plazo máximo de 90 días, según la Constitución.
No obstante, advirtió que el proceso está lejos de concluir. “Esto no se ha acabado”, afirmó, al señalar que figuras clave del chavismo, como Diosdado Cabello, enfrentarán consecuencias judiciales.
Finalmente, Martínez Pozo sostuvo que la captura de Maduro no solo redefine el tablero político venezolano, sino que simboliza el colapso definitivo de un proyecto ideológico regional.
“Una dictadura consolidada en ninguna parte del mundo se ha ido sola”, concluyó, enfatizando que la participación internacional ha sido un factor determinante en este desenlace histórico.