
El expresidente de Guatemala, Jimmy Morales, aseguró este martes en El Sol de la Mañana que es “falsa” la narrativa de que él expulsó de esa nación al exjefe de la CICIG, Iván Velázquez, y sostuvo, además que su salida de Colombia se produjo por decisión del presidente Gustavo Petro.
En ese mismo contexto, Morales negó que haya impedido la renovación de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala, al afirmar que el tema se ha presentado públicamente de forma distorsionada.
Morales lanzó sus señalamientos más duros al acusar a Velázquez de instrumentalizar el sistema judicial. Dijo que en Guatemala se consolidó un esquema donde “la prueba reina” era el colaborador eficaz o testigo protegido, y afirmó textualmente: “yo tengo pruebas de que llegaron a hospitales y a cárceles a pedirles que declararan en contra mía y que les iban a perdonar sus penas”. A su juicio, condicionar testimonios a cambio de beneficios penales “está manipulando la justicia”.
Además, Morales vinculó ese enfoque a lo que llamó “modelo Colombia”, que —según expresó— habría sido impulsado por Velázquez antes de llegar a Guatemala y que, siempre según su versión, se utilizó para generar cambios políticos a través de procesos judiciales. Anunció que en marzo presentará un libro titulado Estado tutelado Sisig, donde, afirmó, documenta su visión sobre el rol de esa comisión y su impacto en decisiones institucionales del país.

Morales insistió en que se ha construido una “narrativa” que lo señala como responsable directo de la expulsión de Velázquez y de frenar la comisión. Defendió que el debate sobre competencia y atribuciones se ha interpretado sin considerar la complejidad de la relación entre organismos internacionales y autoridades nacionales.
El exmandatario abordó el escenario geopolítico y dijo preferir liderazgos “predecibles” por su franqueza. Sobre una eventual “extracción” de Nicolás Maduro, reconoció el choque entre el derecho internacional y leyes internas de potencias, y admitió que, si una legislación nacional lo permite, un gobierno podría intentar ejecutarlo, aunque aclaró que el tema es altamente complejo.
Morales defendió su decisión de mover la embajada de Guatemala a Jerusalén y rechazó que haya sido un simple seguimiento a Estados Unidos. Explicó que, en su caso, respondió a convicciones personales y a una interpretación histórica del conflicto, aunque el intercambio incluyó posturas encontradas en la mesa sobre el tema palestino-israelí.
Al referirse a espacios como la OEA y la CELAC, consideró que sirven como foros para expresar posiciones, pero dijo que se están quedando cortos para resolver problemas reales. Incluso comparó el desgaste de estos mecanismos con el antecedente histórico de la Sociedad de Naciones, sustituida posteriormente por la ONU.
Morales afirmó que nunca usó su fe como herramienta electoral y que se declaró evangélico públicamente después de su Presidencia. Se definió con posiciones conservadoras en temas sociales, pero señaló que, como “buen bautista”, cree en la separación Estado-Iglesia y en la libertad de conciencia, sin imponer por ley sus convicciones.
El expresidente destacó su relación con República Dominicana, elogió al expresidente Danilo Medina como “estadista” y promovió a Guatemala como destino turístico. También resaltó la importancia de la inversión guatemalteca en el país y la conexión regional a través de mecanismos de integración.