La exministra de Educación, Jacqueline Malagón, cuestionó este jueves que la posible integración del Ministerio de Educación y el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología se haya planteado inicialmente con un enfoque puramente económico, y advirtió que el sistema educativo no puede reorganizarse bajo la lógica de un simple recorte presupuestario.
Durante una entrevista en El Sol de la Mañana, Malagón criticó que se presentara la idea de la fusión como una vía para ahorrar 25 mil millones de pesos, al considerar que esa visión desconoce la naturaleza de la educación y sus verdaderas necesidades estructurales. A su juicio, el país no debe empezar por el ahorro, sino por definir qué tipo de transformación educativa necesita.
“Habló de 25,000 millones de pesos que se iban a economizar si se unían los dos. Yo me quedé estupefacta”, expresó, al recordar el momento en que escuchó por primera vez ese planteamiento. Luego fue más dura: “Eso es totalmente una falacia, eso es absurdo, eso es ridículo”.
Malagón sostuvo que el error estuvo en convertir un tema de reforma institucional en una operación contable. Según explicó, en educación primero debe pensarse en el modelo de país que se quiere construir, y solo después colocar los recursos necesarios para hacerlo viable.
La exfuncionaria afirmó que jamás apoyaría una reorganización de esa magnitud solo para producir un ahorro de 25 mil millones de pesos. Dijo que, si el Estado realmente busca eficiencia, debe revisar primero el gasto improductivo dentro del propio Ministerio de Educación, especialmente en su nómina administrativa.
En ese sentido, reveló que le planteó al actual ministro Luis Miguel De Camps la necesidad de reducir el peso de las denominadas “botellas”, es decir, empleos que no aportan resultados reales al sistema. Aseguró que ahí sí existe espacio para usar mejor los recursos y aumentar la eficacia institucional.
“Yo le dije a Luis Miguel: piénsalo bien… vamos a reducir 10 o 12 % la nómina”, afirmó. Agregó que, de hacerse una depuración seria en la estructura administrativa, podrían liberarse entre 60 y 70 mil millones de pesos para fines más útiles al sistema educativo.
Malagón puso como ejemplo funciones duplicadas y cargos innecesarios que, a su entender, solo alimentan una burocracia excesiva. También criticó que esa sobrecarga administrativa termina afectando incluso a los docentes, que pierden tiempo llenando formularios y reportes en lugar de concentrarse en la enseñanza.
Otro de los puntos centrales de su intervención fue la crítica a la burocracia que, según dijo, sigue frenando el rendimiento de las escuelas. Relató que muchos maestros dedican una parte importante de su tiempo a tareas administrativas que nadie revisa y que restan calidad al proceso de enseñanza.
“Tú hablas con un docente y te dice: mi clase de matemáticas eran 45 minutos, pero me tomó 14 minutos llenar lo que iba a hacer”, explicó, al describir lo que considera una traba absurda dentro del sistema. Para Malagón, esa lógica burocrática debe ser desmontada si de verdad se quiere transformar la educación.
En ese senitido, la exministra también insistió en que cualquier cambio serio debe pasar por una reducción de la politización tanto en el Ministerio de Educación como en otros órganos del sistema. A su juicio, la calidad institucional solo puede sostenerse cuando las decisiones se toman por criterios técnicos y no por compromisos partidarios.
En ese punto, resaltó como modelo la experiencia del Infotep, institución que ayudó a fundar y que definió como una referencia de institucionalidad en América Latina. Según dijo, ese ejemplo demuestra que sí es posible manejar con rigor una estructura educativa cuando se respetan los procesos y se evita el clientelismo.

Aunque rechazó la manera en que se presentó originalmente la fusión, Malagón dejó claro que sí cree en la necesidad de una transformación profunda del sistema educativo dominicano. En ese contexto, expresó confianza en el papel que puede desempeñar Rafael Santos al frente del Mescyt.
Aseguró que su llegada representa una oportunidad para replantear el debate desde una perspectiva más amplia, no centrada en el ahorro, sino en una reforma integral que abarque desde la educación básica hasta la universitaria. Lo definió como “el momentum”, es decir, el momento adecuado para empujar una transformación real.
Malagón explicó que actualmente se está trabajando en una metodología de planificación basada en la llamada “teoría del cambio”, con el objetivo de diseñar una estructura nueva para el sistema educativo antes de pensar siquiera en una ley o en una fusión concreta. Según indicó, ese proceso se discute en el marco del Consejo Económico y Social.
“No quiero que la gente me vaya a creer que yo digo que sí o que no a la fusión. Lo que vamos a hacer ahora es diseñar la transformación del sistema”, aclaró, subrayando que primero debe elaborarse el plano completo de la reforma y después decidir qué instrumentos legales o institucionales se requieren.
A lo largo de la entrevista, Malagón defendió que la crisis educativa dominicana no se limita a que los estudiantes no aprendan a leer o escribir bien, sino que toca aspectos más profundos como la corrupción, la violencia, el embarazo adolescente y la frustración de los jóvenes con el país que reciben.
Sostuvo que el sistema actual se ha quedado rezagado y que la transformación educativa debe estar vinculada a una nueva visión de nación. En esa línea, insistió en que la escuela no es un asunto marginal, sino el espacio donde se forma el país del futuro.
“La educación es el alma de los pueblos”, afirmó la educadora. quien remató con una idea que resume su visión: no se trata de fusionar ministerios para cuadrar números, sino de rediseñar el sistema para que responda a lo que hoy reclaman las familias, los estudiantes y la sociedad dominicana.