La Diócesis de San Pedro de Macorís (República Dominicana) anunció oficialmente la apertura de la causa de beatificación y canonización de Elupina Cordero, laica que quedó ciega a los 12 años y dedicó gran parte de su vida a ayudar a los más necesitados.
El anuncio se realizó durante una rueda de prensa el 11 de marzo en el Obispado de San Pedro de Macorís, con la participación del obispo local, Mons. Santiago Rodríguez, y los miembros de las distintas comisiones encargadas del proceso.
Durante la conferencia se dio a conocer el documento de “no objeción” emitido por el Dicasterio para las Causas de los Santos en el Vaticano, fechado el 26 de enero, que autoriza formalmente el inicio de la causa. En esta primera etapa se recopilarán documentos, escritos y testimonios de quienes conocieron a Elupina Cordero, con el fin de demostrar que vivió de manera heroica las virtudes cristianas; posteriormente, toda la documentación será enviada a Roma.
Asimismo, se invitó a los fieles a participar en la Misa solemne que se celebrará el sábado 21 de marzo en la Catedral San Pedro Apóstol, presidida por Mons. Rodríguez, como parte de los actos de apertura de la causa, según informó la Pastoral de Comunicación de la diócesis.

Conocida entre sus devotos como “Santa Elupina”, nació el 1 de diciembre de 1892 en Sabana de la Mar. Quedó huérfana a los siete años y perdió la vista antes de cumplir los 12, sin que mediara enfermedad alguna. Desde su habitación, se dedicó a predicar, asistir y curar a los enfermos con remedios caseros, y muchos de quienes la conocieron le atribuían poderes de sanación mediante la imposición de manos.
“Se convirtió en el alma de su comunidad, y personas de distintos lugares acudían a ella buscando la salud del cuerpo y del espíritu”, destacó la diócesis.

Elupina fundó la Capilla Santa Teresa de Jesús y un asilo para niños huérfanos que actualmente funciona como escuela. Además, dictaba sus reflexiones espirituales, que fueron compiladas en libros como Caminos de Luz y Elupina Cordero, Alma de Apóstol, ambos recopilados por el sacerdote carmelita Daniel Guerra Sancho. Entre sus enseñanzas más recordadas se encuentran: “Dios sobre todo y ante Dios nada”, “La oración es la fuerza del alma y la luz del corazón” y “El amor es la medicina más poderosa para el alma y para el cuerpo”.
La diócesis resaltó que, a pesar de haber sido “perseguida y humillada desde distintos estamentos”, siempre tuvo a Dios como su defensor. Tras 47 años de dedicación heroica, falleció el 4 de junio de 1939. Cada año, en esa fecha, numerosos dominicanos peregrinan hasta su tumba para encomendarse a ella o solicitar su intercesión.