Fin del petróleo venezolano dispara colas por gasolina y agrava la crisis energética en Cuba

La dependencia del petróleo venezolano para cubrir el 30 % de la energía cubana complica encontrar alternativas. Economistas prevén impacto económico y social por alzas de precios y desigualdad en acceso a recursos.

La interrupción del suministro de petróleo venezolano a Cuba ha provocado largas filas en estaciones de servicio y un aumento de la incertidumbre entre los conductores, en un contexto marcado por la escasez de combustible.

Tras la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro, el cierre del flujo energético desde Caracas reactivó un problema recurrente en la isla: la falta de gasolina en los servicentros.

Impacto inmediato en el abastecimiento

De acuerdo con estimaciones citadas por fuentes oficiales, el petróleo venezolano cubrió en 2025 alrededor del 30 % de las necesidades energéticas de Cuba. Su desaparición deja un vacío difícil de cubrir debido a la limitada disponibilidad de divisas para importar combustible desde otros mercados.

En estaciones cercanas al Malecón habanero, usuarios reportaron filas prolongadas motivadas por el temor a un desabastecimiento mayor.

Conductores explicaron que, a diferencia de crisis anteriores, ahora no se trata solo de esperar la llegada de camiones cisterna, sino de una reacción preventiva ante la incertidumbre. Algunos ciudadanos afirmaron haber comenzado a almacenar combustible en sus hogares o a acudir con mayor frecuencia a las gasolineras para asegurar reservas mínimas.

Consecuencias económicas y sociales

Economistas advierten que el impacto podría extenderse más allá del transporte. Un estudio citado por EFE estima que la interrupción de los envíos petroleros venezolanos podría provocar una caída del 27 % del producto interno bruto, así como incrementos del 60 % en los precios de los alimentos y del 75 % en el transporte.

Usuarios entrevistados señalaron que el acceso al combustible en divisas obliga a recurrir al mercado informal para conseguir dólares, debido a que la mayoría de los salarios se pagan en moneda nacional. Esta dinámica agrava las tensiones sociales y refuerza la percepción de desigualdad en el acceso a bienes básicos.