En Villa Linda, Palmarejo, Santo Domingo, una familia de seis integrantes enfrenta una situación compleja marcada por la enfermedad y la falta de recursos. Dos de sus hijos han sido diagnosticados con atrofia muscular, una condición que requiere atención constante, terapias especializadas y una alimentación adecuada que actualmente no pueden garantizar.
La familia vive en una pequeña vivienda alquilada por 3,500 pesos mensuales. El padre es el único sostén económico, con ingresos limitados que apenas alcanzan para cubrir lo básico. Mientras tanto, Arelis Sánchez se encarga del cuidado de los niños, aunque en ocasiones debe salir a vender “chulitos” o realizar oficios domésticos para contribuir con los gastos del hogar.
A las dificultades económicas se suma la falta de apoyo de programas sociales. La familia asegura que no recibe ningún tipo de ayuda gubernamental, lo que ha complicado aún más su situación.
Debido a la falta de dinero para el transporte, se vieron obligados a suspender en abril de 2025 las terapias que recibía Rafael, de 12 años, en el Hospital Infantil Dr. Robert Reid Cabral.
Existe preocupación por el futuro del menor de los hermanos, Luis, de 7 años, quien podría enfrentar el mismo escenario si no logra acceder a atención médica oportuna.
Rafael fue diagnosticado a los 7 años y desde entonces su movilidad se ha visto severamente limitada, permaneciendo postrado en una cama o en una silla de ruedas. A pesar de ello, conserva el deseo de mejorar su condición y retomar una vida activa.

“Extraña a sus compañeros de clases” y sueña con volver a jugar béisbol. Su mayor inspiración es el estelar pelotero de los Mets de Nueva York, Juan Soto, a quien admira profundamente y aspira a imitar algún día.
Su historia refleja no solo las dificultades que enfrentan muchas familias en condiciones similares, sino también la fortaleza de quienes, aun en medio de la adversidad, mantienen viva la esperanza.
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