Mientras el presidente Donald Trump generó polémica al vincular el uso de Tylenol durante el embarazo con el autismo —una afirmación no respaldada por evidencia científica—, médicos y especialistas reiteraron que el riesgo comprobado del analgésico es otro: el daño hepático por sobredosis accidental.
El acetaminofén, ingrediente activo del Tylenol, es seguro cuando se usa según las indicaciones, pero puede causar insuficiencia hepática aguda si se ingiere en exceso. Cada año, cientos de personas en Estados Unidos mueren o requieren trasplantes de hígado por consumir demasiadas dosis, muchas veces sin darse cuenta.
Según las advertencias en las etiquetas, exceder los 4,000 miligramos en 24 horas —equivalente a más de ocho tabletas de Tylenol Extra Strength— puede provocar daño hepático grave. También se desaconseja su consumo si se ingieren más de tres bebidas alcohólicas diarias, debido al efecto combinado sobre el hígado.
El hepatólogo Timothy Davern, del Hospital de San Francisco, explicó que el acetaminofén “es un medicamento seguro, pero todos somos susceptibles al daño hepático si se excede la dosis recomendada”.
Entre 1999 y 2023, casi 3,900 personas murieron por intoxicación accidental con acetaminofén en Estados Unidos, según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). Las sobredosis se deben a menudo a que los pacientes pierden la cuenta de las dosis o combinan varios productos que contienen el mismo ingrediente activo.
Los especialistas advierten que la sobredosis suele ser gradual y silenciosa: los síntomas de daño hepático aparecen cuando la lesión ya es severa. El antídoto, conocido como N-acetilcisteína (NAC), puede revertir los efectos si se administra a tiempo, pero muchos pacientes llegan tarde al hospital.
La farmacéutica Kenvue, fabricante de Tylenol desde 2023, insistió en que el medicamento es seguro si se usa correctamente y pidió a los consumidores leer las etiquetas con atención.
El Dr. William Lee, especialista en hepatología de la Universidad de Texas Southwestern, afirmó que el problema no es el fármaco en sí, sino la falta de conciencia sobre sus límites: “Cuando uno tiene dolor, no lee las advertencias con una lupa. Probablemente necesitamos etiquetas más contundentes”.