
La ciudad de General Santos, considerada la más afectada por el terremoto de magnitud 7.8 que sacudió el lunes la isla filipina de Mindanao, fue declarada en "estado de calamidad", informó este martes la organización no gubernamental Kidlikasan.
Según la entidad, al menos 12 personas murieron en esa ciudad debido al colapso de estructuras y la caída de escombros. No obstante, advirtió que la cifra podría aumentar, ya que varias comunidades permanecen aisladas tras los daños sufridos por carreteras y puentes, lo que dificulta las labores de rescate y evaluación.
General Santos, con una población cercana a los 530 mil habitantes, sufrió graves daños a causa del sismo. Numerosos edificios quedaron destruidos y fue necesario habilitar refugios temporales para albergar a las familias afectadas.
Las 12 muertes registradas en la ciudad forman parte del balance oficial de 38 fallecidos reportado por la Defensa Civil de Filipinas, que además contabiliza cuatro personas desaparecidas y más de 470 heridos.
El terremoto se produjo a las 7:37 de la mañana del lunes, hora local, con epicentro situado a unos 24 kilómetros al suroeste de la isla de Burias, en el sur de Mindanao, y a una profundidad aproximada de 55 kilómetros, de acuerdo con datos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS).
La ONG también señaló que los municipios de Maasim, Malapatan y Glan figuran entre las zonas más golpeadas por el desastre. En algunas de estas localidades, deslizamientos de tierra sepultaron viviendas y causaron varias de las víctimas mortales.
Las dificultades de acceso continúan siendo uno de los principales desafíos para las autoridades y equipos de emergencia, ya que algunas comunidades podrían permanecer incomunicadas durante al menos una semana debido a la destrucción de la infraestructura vial.
Por su parte, el Consejo Nacional para la Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres informó que más de 40 mil personas han sido desplazadas y que unas 2,505 viviendas resultaron afectadas, incluidas 460 que quedaron completamente destruidas. Además, numerosas áreas de Mindanao siguen sin electricidad ni acceso a agua potable.
Ante la magnitud de la emergencia, organizaciones humanitarias y autoridades locales han solicitado con urgencia tiendas de campaña para hospitales y refugios, así como agua potable, alimentos no perecederos, baterías, artículos de higiene y pañales para asistir a la población afectada.