TEHERÁN.– Desde el pasado 28 de febrero de 2026, los ataques militares de Estados Unidos e Israel contra Irán han desencadenado una rápida escalada en la región, con repercusiones políticas, militares y humanitarias que mantienen en alerta a la comunidad internacional.
La ofensiva inició con bombardeos sobre distintos puntos estratégicos en territorio iraní. En medio del conflicto, se confirmó la muerte del líder supremo iraní, Alí Jamenei, lo que llevó a la designación de Masoud Pezeshkian como líder interino dentro de un consejo de transición, en un intento por garantizar la continuidad institucional del país.
Al día siguiente, el Gobierno iraní descartó cualquier posibilidad de negociación con Washington, endureciendo su postura frente a la ofensiva conjunta. La decisión redujo las expectativas de una salida diplomática inmediata y aumentó la tensión en la región.
El 2 de marzo se produjo un incidente adicional cuando las defensas aéreas de Kuwait derribaron por error tres cazas estadounidenses en un episodio de “fuego amigo”. Los pilotos fueron rescatados y las autoridades iniciaron una investigación. Ese mismo día, el presidente estadounidense no descartó el envío de tropas a territorio iraní, lo que elevó las preocupaciones sobre una posible expansión del conflicto.
Posteriormente, Israel atacó tres aeropuertos en Irán, incluido uno en Teherán, mientras que las operaciones militares se extendieron hacia Líbano, ampliando el alcance geográfico de la confrontación.
Los bombardeos han causado daños en infraestructuras civiles, incluyendo hospitales y edificios residenciales, según reportes locales. La situación ha generado alarma internacional ante el riesgo de una guerra de mayor escala con consecuencias humanitarias y económicas de amplio impacto.