La juramentación de Delcy Rodríguez como presidenta interina de Venezuela no solo generó reacciones por su contenido político, sino también por la elección de vestuario que acaparó la atención pública y desató un intenso debate en redes sociales.
El atuendo, lejos de pasar desapercibido, terminó convirtiéndose en uno de los temas más comentados del acto oficial.
Durante la ceremonia, Rodríguez lució un vestido verde menta de la firma italiana Chiara Boni La Petite Robe, un diseño midi con volantes, combinado con stilettos nude de tacón bajo, cabello suelto y un maquillaje discreto que apuntaba a la sobriedad estética.

Aunque el vestido no figura en la web oficial de la marca, sí aparece en plataformas de moda de lujo como Farfetch, donde su precio ronda los 756 dólares y se encuentra rebajado a unos 601. Este dato fue suficiente para encender la conversación digital y amplificar la polémica.
Usuarios en redes sociales contrastaron el valor de la prenda con la realidad económica de Venezuela. Con un salario mínimo aproximado de 2,700 bolívares, equivalentes a unos 3 dólares, se difundieron cálculos que estiman que un trabajador necesitaría más de un siglo de ingresos íntegros para costear un vestido de ese precio, sin considerar gastos básicos.
El contraste convirtió el atuendo en un símbolo de desconexión y privilegio para amplios sectores de la opinión pública, desplazando el foco del discurso político hacia el significado social del lujo en un país marcado por la crisis.
La controversia también volvió a poner en el centro a la diseñadora Chiara Boni, reconocida por sus stretch-dresses y por vestir a celebridades como Oprah Winfrey, así como a figuras de la política estadounidense, especialmente durante la administración de Donald Trump.
En esta ocasión, sin embargo, el vestido dejó de ser una elección de moda para transformarse en un mensaje político involuntario, donde la imagen habló más alto que el discurso pronunciado.
