
La presencia constante de redes sociales en la vida de niños y adolescentes está generando impactos más serios de lo que se pensaba. Lejos de funcionar solo como espacios de entretenimiento e interacción, estas plataformas influyen directamente en el desarrollo emocional, cognitivo y social de la juventud.

Un estudio reciente elaborado por University College London (UCL) identificó tres mecanismos clave afectados por el uso temprano de redes sociales: retraso en el sueño, percepción negativa de la autoimagen y disminución de la confianza interpersonal. Este último efecto impacta principalmente a las chicas de la Generación Z, nacidas entre 1997 y 2012.
Los hallazgos, publicados en Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology, se basan en la Millennium Cohort Study, un seguimiento nacional a casi 19.000 niños nacidos en el Reino Unido entre 2000 y 2001.
Con modelos estadísticos avanzados, el equipo liderado por Dimitris Tsomokos analizó cómo evolucionó la salud mental de adolescentes que empezaron a usar redes sociales desde los 11 años. El análisis incluyó factores como el nivel socioeconómico, el historial de salud mental y los antecedentes familiares.

Los resultados abarcaron 8.913 adolescentes, de los cuales el 52 % eran mujeres y el 18 % pertenecían a minorías étnicas, lo que refuerza la solidez del estudio.
El análisis reveló que los adolescentes con acceso temprano a redes sociales tenían mayor tendencia a:
El estudio destaca que las comparaciones constantes, el ciberacoso y la percepción de exclusión potencian sentimientos de insuficiencia y malestar emocional. En las chicas, estos factores se traducen en menos apertura para establecer vínculos y mayor dificultad para confiar en los demás.
Tsomokos indicó que la desconfianza se convirtió en un eje central en el desarrollo de síntomas psiquiátricos en adolescentes usuarias tempranas. Esta respuesta estaría ligada a la presión social y emocional que generan las plataformas digitales, donde la valoración externa y el riesgo de exposición pública son constantes.

De acuerdo con UCL, estos tres mecanismos —sueño inadecuado, baja autoestima corporal y desconfianza— median la relación entre el uso temprano de redes sociales y la aparición de depresión, ansiedad y malestar emocional en la adolescencia tardía. Los efectos pueden prolongarse varios años.
Ante estos resultados, los investigadores recomiendan desarrollar programas educativos y comunitarios orientados a fortalecer la confianza social, promover hábitos de sueño saludables y reforzar una percepción corporal positiva.
Consideran fundamental que estas estrategias se integren en políticas públicas dirigidas a la juventud, con el propósito de mitigar los efectos nocivos de las redes sociales y proteger el bienestar emocional de las nuevas generaciones.
Fuente: Infobae.