Aunque para muchos pasan desapercibidos, estas perforaciones no están ahí por estética ni por casualidad. Forman parte de un diseño técnico que se ha mantenido, con ligeras variaciones, durante más de un siglo.
En los primeros modelos de clavijas eléctricas, las puntas metálicas incluían hendiduras laterales que encajaban con componentes internos del tomacorriente. Con el paso del tiempo, ese sistema evolucionó hasta convertirse en los agujeros circulares que conocemos hoy.
La función principal sigue siendo la misma: asegurar una mejor sujeción dentro del tomacorriente. Estos orificios permiten que pequeños contactos o piezas internas del enchufe se ajusten con mayor firmeza, evitando que la clavija se afloje con facilidad.
Gracias a este diseño, se reduce el riesgo de desconexiones accidentales que puedan generar chispas, falsos contactos o interrupciones en el suministro eléctrico. Además, contribuye a que el enchufe permanezca estable incluso cuando el cable se mueve ligeramente.