Tal que, la pasada semana recordábamos aquí el legado de los presidentes de nuestra democracia. La Constitución de don Juan, los invernaderos de Hipólito, las computadoras de Leonel; o las plantas de Danilo Medina, que pasaron de ser putas a ser las santas de Catalina, Peravia.
Los citados son aportes, que solo la mezquindad o el fanatismo político pueden negar. Igual ocurre con el presidente Luis Abinader, que ha tenido el coraje de llevar hasta las últimas consecuencias su promesa de no modificar la Constitución para beneficiarse de ello, como era tradición.
El paso en firme que ha sido lograr una innegable mejoría en lo que tiene que ver con el Ministerio Público, relativamente independiente con relación a la lucha contra la impunidad ante la corrupción administrativa, que es lo que parcialmente explica el aumento del número de sometimientos judiciales de supuestos corruptos, en especial los de su propio partido y su sector externo.
Con relación a la accesibilidad presidencial hacia la prensa, los comunicadores, los influencers, y los líderes de opinión que incluye a los de TODA la sociedad civil, el país ha cambiado.
Que un mandatario no ande ya por el país con una silla a rastras, y tenga entre sus mayores “defectos” ser demasiado cercano, casi informal y disponible para los ciudadanos, (lo que incluye la asistencia algún martes a la toma de posesión de la nueva directiva de la Asociación de Banilejos Liceístas Residentes Cristo Rey), es un aporte incuantificable, pues esas acciones humanizan el cargo de quien, con el debido respeto, es solo un servidor público.
“El primero entre sus iguales”, es cierto, pero un servidor público; para no mencionar su visionaria decisión de hacer todo lo posible y parte de lo imposible (Yayo Sanz y Sigmund Freund lo han “padecido”) para lograr el desarrollo de Cabo Rojo, Pedernales; una provincia de riquezas y bellezas tan variadas como impresionantes, olvidada desde siempre, porque invertir en ella significaba sacrificar el presente electoral para apostar al futuro.
Dicho esto, oremos porque el legado del próximo presidente de la República en azul, verde o morado, sea aumentar la calidad de la educación a cualquier precio, y enfrentar la arrabalización institucional, o sea, lograr el milagro de que el gobierno se atreva a cumplir y hacer cumplir TODAS LAS LEYES… y si quiere que entre el mar por Boca Chica o salga el sol por Haina.