El ejército de Madagascar toma el poder y el país estalla en celebraciones

El coronel Michael Randrianirina liderará un gobierno de transición de dos años. Aunque hubo júbilo tras la caída de Rajoelina, analistas advierten sobre el riesgo de mayor inestabilidad si la transición no es democrática.

Madagascar estalló en júbilo este martes tras la destitución del presidente Andry Rajoelina, quien fue acusado por el Parlamento y depuesto por el ejército en cuestión de horas, luego de semanas de violentas protestas juveniles que sacudieron a esta empobrecida nación insular del África austral.

Sin embargo, aunque la población celebró su salida, persisten las dudas sobre el rumbo político que tomará el país en los próximos días.

El Parlamento destituye al presidente y el ejército toma el control

Tras una votación abrumadora del Parlamento para destituir a Rajoelina, las fuerzas armadas ingresaron al palacio presidencial y anunciaron la disolución de las principales instituciones del Estado, incluyendo el Tribunal Supremo, la comisión electoral y el Senado, dejando solo en pie a la Asamblea Nacional.

Rajoelina, quien había afirmado un día antes que se ocultaba por amenazas contra su vida, calificó de “ilegal” la declaración militar y aseguró que “sigue plenamente en el poder”.

Los acontecimientos coronaron 24 horas de intensa tensión política, dejando en incertidumbre el liderazgo del país, que depende en gran medida de la ayuda internacional y podría enfrentar un nuevo aislamiento por la inestabilidad.

Las protestas que llevaron a su destitución surgieron ante el fracaso del gobierno para garantizar servicios básicos como agua y electricidad.

No obstante, el ambiente en la capital, Antananarivo, fue de euforia: miles de ciudadanos, liderados por jóvenes inspirados en movimientos globales de la Generación Z, salieron a las calles con banderas malgaches y música, celebrando lo que consideraron “la caída de la corrupción”.

El ejército promete una transición de dos años

El coronel Michael Randrianirina, designado como líder interino, anunció la creación de un gobierno de transición civil y militar que durará hasta dos años, con el objetivo de redactar una nueva constitución y establecer nuevas instituciones.

Durante la sesión parlamentaria que lo destituyó, los legisladores acusaron al presidente de abuso de poder, transacciones ilegales y regalos indebidos. Tras alcanzar los 105 votos necesarios, los diputados celebraron entre gritos de “¡Soy libre de mis cadenas!”. Fue la primera destitución presidencial desde la independencia del país en 1960.

Incertidumbre sobre el futuro

Aunque muchos malgaches celebraron la caída de Rajoelina —acusado de estar demasiado alineado con Francia, la antigua potencia colonial—, la incertidumbre domina el panorama político.

En Antananarivo, la multitud continuó festejando hasta el anochecer. “Hoy es un día de victoria”, dijo Sandy Rasoarimalala, una joven de 33 años, mientras ondeaba la bandera nacional.

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