
Los expertos, incluidos el Dr. Chapt, definen el discurso político como una forma de comunicación oratoria utilizada para transmitir ideas y propuestas, con la intención de persuadir a la ciudadanía utilizando cada vez con más frecuencia lo emocional y emotivo para generar empatía con sus públicos.
Sin embargo, pragmático como un bombero, uno lo define simplemente como una competencia de copas: La copa medio llena del gobierno que lo pronuncia, y la medio vacía de la oposición que lo escucha.
El discurso de rendición de cuentas del presidente Abinader el pasado 27F,no fue la excepción. La copa no solo estuvo medio llena sino que, además, la pieza fue pronunciada con un optimismo que Dios debería bendecirle al presidente, pero no aumentarle. Pobre del político que no sea capaz de inspirar y generar confianza.
De ahí el optimismo de los discursos presidenciales. Además del asunto de las copas, el ejercicio del poder a uno le parece una pieza musical ejecutada con guitarra y violín, según se esté en el poder o la oposición.
Así, el intelectual que es el profesor Fernández y el fino estratega que siempre ha sido Danilo Medina, ahora en la oposición, se quejan, por ejemplo, del endeudamiento, de la informalidad, del crecimiento de la nómina pública, y del nepotismo.
No creen en las cuentas nacionales que presenta el Banco Central o los informes de organismos internacionales. El caso más didáctico de esto, lo representa el hecho de que el actual gobernador del BC Central, Valdez Albizu, es el mismo desde 2004.
De igual manera, el gobierno del PRM ahora sí cree en las estadísticas del BC que antes ponían en duda, mientras Fernández y Medina, las defendían.
Como antes hiciera el opositor PRD y luego el PRM, ahora son los dos PLD en verde o en morado, quienes critican que el gobierno no se atreva a enfrentar a los sindicatos de docentes o de motoristas; a empresarios con vocación oligopólica, que con sus asesores de alto nivel diseñan leyes que son trajes a la medida de sus intereses, y con el ajuste exacto de un Armani o Hugo Boss.
Y así…. continúa rodando la rueda política de vasos y copas, de guitarra y violín, a la que solo le falta un bolero: El bolero de la justicia social, más un electorado que sea cada vez más militante ciudadano y menos vulgar votante.