Sin una respuesta contundente de las autoridades, el transporte público en la capital dominicana, dominado por los "carros de concho" y las guaguas, se ha convertido en una gran problemática que aqueja al 26% de la población que lo utiliza a diario, según datos del INTRANT y la ONE.
El sufrimiento de los usuarios comienza con la escasez y las largas filas bajo el inclemente sol. Sin embargo, el verdadero riesgo se presenta al abordar, donde la seguridad es ignorada sistemáticamente:
Los problemas se extienden al trato desigual que enfrentan algunos usuarios. Se han documentado casos de discriminación y cobros indebidos, dirigidos especialmente a personas con obesidad o de gran tamaño corporal.
"Estos pasajeros han reportado ser obligados a pagar dos tarifas o, en ocasiones, se les ha negado el servicio," destaca el informe.
El dominicano promedio pierde una hora y media diaria solo en estos trayectos, un dato alarmante del Observatorio de Seguridad Vial. Este tiempo perdido y la frustración que genera un sistema precario destruyen la dignidad y la productividad de los trabajadores antes de que inicien su jornada laboral.
A pesar de que el Metro y la OMSA representan un atisbo de esperanza, la pregunta que resuena en las calles es: ¿Por qué millones de dominicanos deben seguir arriesgando su vida y su tiempo para ganarse el pan?
El ciudadano clama urgentemente por un sistema de transporte eficiente y seguro que ponga fin, de una vez por todas, a la lucha diaria por un asiento.