
Luego de la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, el expresidente Donald Trump ha dirigido ahora su atención hacia Cuba, país al que en días recientes ha presionado para alcanzar posibles acuerdos.
Sin embargo, no ha especificado qué busca negociar con la isla, que atraviesa una profunda crisis marcada por la escasez de alimentos y combustible, y donde cerca del 89 % de la población vive en condiciones de extrema pobreza.
Ante este panorama, surge la pregunta sobre el papel que podría desempeñar México si decidiera fungir como intermediario entre La Habana y Washington.
Ricardo Domínguez, investigador de la UNAM, recordó en entrevista con RFI que Cuba y Estados Unidos iniciaron un proceso de normalización diplomática en 2014, el cual se vio truncado durante la administración de Trump. Ahora, con su regreso al poder, el bloqueo económico contra la isla se ha intensificado aún más. En ese contexto de ausencia total de diálogo entre ambos gobiernos, la presidenta Claudia Sheinbaum ha planteado a México como un posible canal de acercamiento.
Domínguez explica que la participación mexicana podría adoptar distintas formas: desde ofrecer su territorio como espacio neutral para un eventual diálogo, hasta actuar como mediador directo llevando mensajes entre ambas partes, o simplemente convocar a una mesa de negociación si Cuba y Estados Unidos aceptaran reunirse.
Mientras Washington ha bloqueado el envío de petróleo venezolano hacia Cuba, México ha mantenido el suministro de combustible por razones humanitarias. Para el analista, esta decisión también busca reafirmar la soberanía mexicana frente a la presión estadounidense.
Domínguez señala que no sería extraño que Estados Unidos intente forzar a México a suspender esos envíos, una práctica que —recuerda— tiene antecedentes históricos, como el boicot en 1994 a un acuerdo de cooperación entre PEMEX y la empresa cubana CUPET.
No obstante, el investigador subraya que lo más relevante es la postura actual del Gobierno mexicano, que ha dejado claro que actúa como un país soberano, sin supeditar sus decisiones a la aprobación de Washington. México, concluye, cuenta con la autonomía y la capacidad necesarias para continuar enviando petróleo a Cuba.