
En estos días vemos que la situación de la educación pública dominicana ha estallado de forma inusitada. Y lo hacía hecho con una de sus caras más feas: la violencia pura y dura. Es como cuando un tanque de gas propano y viejo, hace tiempo que ya hasta los vecinos nos habían advertido de la gravedad del asunto.
Pero tú, por falta de recursos o por dejadez, lo has dejado de lado. Y de pronto, lo temido: el tanque ha comenzado a dejar escapar gas de forma ostensible. El pánico se apodera de los que están alrededor y el correcorre con sal pa’fuera es incontrolable, porque ya es el pánico desatado.
Vimos en todos los medios al profesor Naony Anderson Solano agredido en el Liceo Juan Pablo Duarte de Villa Consuelo; con la camisa ensangrentada por todos los lados y una gasa con esparadrapo en su rostro por la herida provocada, dada la agresión sufrida; segúnél mismo narra, provocada por unos estudiantes que no le querían dejar entrar al aula a dar la clase.
La situación se hizo viral y vemos a medio País, ‘supuestamente’ alarmado por dicha situación. Pero, por eso es que me incomodo con grado de sulfuramiento, porque esto de las agresiones físicas y verbales hace tiempo que se vienen incrementando en las escuelas de nuestro País.
¿Y cómo es que dizque nadie las veía? Estoy diciendo que es una situación de varios años y que cada vez más va en franco aumento. Y la pregunta es: ¿Por qué no se ha actuado? Pues, muy clarito: POR MIEDO. Y razones para el miedo las hay por montones.
Yo las resumo diciendoque hace tiempo que directores, equipos de gestión y profesores se sienten en el más abyecto y vergonzoso desamparo de todo y de todos. Y no sólo de las autoridades educativas inmediatas [dígase distritos educativos y regionales], sino que también por otras instituciones que han exagerado de forma sesgada la interpretación de las leyes de protección del menor y el derecho a la educación, como CONANI, FISCALIAS Y TRIBUNALES DE NIÑOS, NIÑAS Y ADOLESCENTES, ADP, JUNTAS DE VECINOS, LAS APMAE’S Y LOS PADRES DE ÑAPA.
Por eso, he hablado en muchas ocasiones del desequilibrio, por inflación exagerada, del derecho positivista respecto al tratamiento de niños, niñas y adolescentes en el ordenamiento jurídico. Porque todo es "derechos, derechos, derechos, derechos" y nada de deberes.
¿Qué ha pasado? Es que se ha institucionalizado, hace buen tiempo, la validación de la frase: "dejemos eso así [esto lo repiten técnicos, maestros… directores.. equipos de gestión…] porque a ustedes es a quienes no les conviene. Porque ustedes tienen todas las de perder".
Esto, que eso es cuando el equipo del Distrito X llega al centro a hacer las primeras investigaciones. Porque hay un paso previo de claro miedo y autocensura que reza así: "dejemos eso así [maestro… directores… equipos de gestión…] porque a NOSOTROS es a quienes no NOS conviene. Porque NOSOTROS TENEMOS todas las de perder".
¿Entienden por qué el título? Hace mucho tiempo que la lacra de la violencia de todo tipo [sobretodo, verbal y física] contra los maestros se ha instalado en los centros educativos con real patente de corso y los estudiantes lo saben.
Y los maestros, también lo saben, y la actitud no es otra que el silencio impotente, ante el riesgo de que se te levante un expediente o incluso que en el mismo centro, tus propios compañeros, comenzando por los orientadores y psicólogos, te tilden de que eres un maestro "grosero", "irrespetuoso", "que no sabe manejar las emociones", "que no tiene estrategias"… y un etcétera larguísimo; que ante un posible conflicto con un estudiante, por su comportamiento, simplemente te inhibes de forma previa de cualquier acción. No me detengo en describir aquí gráficamente situaciones concretas en centros concretos, porque no viene al caso.
En fin, como escribí en dos artículos publicados en rccnoticias.com.do [los invito a que los lean o los puedo pasar a quien desee] a final de octubre y principios de noviembre 2025, titulados, respectivamente: "Los límites razonables del derecho a la educación respecto al derecho a la integridad física" y "Un presagio educativo azaroso, porque tengo bocaechivo".
Allí describo, en el primero, la realidad creciente de la violencia y las agresiones físicas que sufren constantemente los maestros en las escuelas públicas y lo que se nos avecina como sistema, en el segundo artículo, con consecuencias lamentables para todos.
Ya lo he venido diciendo hace mucho tiempo en diversos círculos y ambientes. La situación de la educación pública dominicana es para intervenirla de manera urgente con acciones concretas para devolverle las condiciones mínimas necesarias para que el proceso enseñanza-aprendizaje no siga siendo un esfuerzo fallido y el bojotal de cuartos no sea cada año tirado a un barril sin fondo.
El cambio comienza por perder el miedo a enfrentarnos con los conflictos [por más pequeños o grandes que sean] que cada día erosionan la situación de la educación pública dominicana. Soy claro y directo en esto. Solo la disciplina, la puntualidad, el orden, el silencio, el respeto y la limpieza devolverán la paz y el orden perdido en los centros educativos públicos de República Dominicana.