
En España, más de medio millón de personas convive con la epilepsia, un trastorno neurológico que mantiene una relación mucho más estrecha con el sueño de lo que habitualmente se cree.
Cerca del 20 % de las crisis epilépticas se asocian a la falta de descanso o a patrones de sueño irregulares. Junto con el estrés y factores hormonales como el ciclo menstrual, el insomnio se sitúa entre los principales desencadenantes de estos episodios.
La ciencia ha explicado con claridad el vínculo entre el sueño y la epilepsia. Cuando una persona con epilepsia no duerme lo suficiente o descuida la higiene del sueño, se produce un aumento de la excitabilidad cortical y una reducción de los mecanismos inhibitorios del cerebro. Este desequilibrio genera un estado de hiperexcitabilidad que facilita la aparición de crisis epilépticas.
“Es una situación que observamos con frecuencia en los servicios de Urgencias, especialmente en pacientes que presentan una primera crisis, tanto en adultos como en población pediátrica”.
Señala el doctor Gerard Mayà, neurólogo del Hospital Clínic de Barcelona y coordinador del grupo de trabajo de Trastornos del Movimiento y de la Conducta durante el Sueño de la Sociedad Española de Sueño.
Además, advierte que las crisis nocturnas, habituales durante la fase NREM, pueden pasar desapercibidas, fragmentar el descanso y provocar somnolencia diurna. “En esta enfermedad, el estilo de vida es la base del tratamiento, incluso antes de hablar de medicación”, subraya.
A nivel mundial, alrededor de 50 millones de personas padecen epilepsia. La Organización Mundial de la Salud estima que una de cada diez personas sufrirá una crisis epiléptica a lo largo de su vida y que estos episodios representan hasta el 1 % de las consultas en los servicios de urgencias.
No obstante, sufrir una única convulsión no implica necesariamente tener epilepsia. El diagnóstico se establece tras dos o más crisis no provocadas, lo que indica una predisposición a su repetición. Tras una primera crisis aislada, el riesgo de que se produzca otra se sitúa entre el 40 % y el 52 %.
Las crisis epilépticas se originan por una actividad eléctrica anormal en el cerebro y se clasifican en convulsivas y no convulsivas.
“Las no convulsivas suelen manifestarse con alteraciones de la conciencia o cambios conductuales, mientras que las convulsivas incluyen movimientos involuntarios bruscos, como rigidez muscular y sacudidas rítmicas”, explica el doctor Manuel Toledo, coordinador del Grupo de Estudio de Epilepsia de la Sociedad Española de Neurología.
Además, las personas con epilepsia presentan una mayor prevalencia de trastornos del sueño que la población general, como insomnio, somnolencia excesiva, apnea obstructiva del sueño y movimientos periódicos de las piernas.

Adoptar una buena rutina de descanso es fundamental para la salud física y mental, y especialmente relevante en personas con epilepsia. Entre las principales recomendaciones destacan:
Cuidar el sueño no solo mejora la calidad de vida, sino que se convierte en una herramienta clave para reducir la frecuencia de las crisis y complementar el tratamiento médico.